Valores y hábitos cívicos

Si queremos que nuestra sociedad genere ciudadanos responsables y capaces, es evidente que es necesario inculcar desde la infancia una serie de valores cívicos que, con el tiempo, se transformarán en hábitos. Y todo en aras de potenciar la convivencia entre las personas que conforman una misma comunidad. Sin la instauración de estos valores cívicos cosas que todos damos por hecho, como el respeto a los otros y la asunción de determinados derechos y deberes, no estarían garantizados. De lo que se trata, en definitiva, es de que cada uno entienda y asuma su papel como ciudadano del mundo.

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Valores y hábitos cívicos desde la infancia y en la escuela.

Para lograrlo, es evidente que la educación se posiciona como el elemento más importante. Desde la infancia, los niños han de manejar conceptos que les ayuden a enfrentarse a diferentes situaciones y problemas sociales, de esta manera contarán con las herramientas necesarias para poder respetar a los demás, identificarse con ellos si es necesario y, como no, adquirir un sólido concepto de la solidaridad.

Hay muchas maneras de enseñar valores y hábitos cívicos, pero una de ellas es incidir en determinados aspectos. Aquí está nuestra propuesta.

  • Pensar en grupo. Las sociedades occidentales de hoy en día dan mucho valor al potencial individual de cada ser humano. Sin embargo, en ocasiones este planteamiento es un tanto limitado, pues incapacita a los jóvenes de cara a resolver sus problemas con los demás. Si conseguimos empatizar con el compañero, a buen seguro estaremos más que preparados para poder trabajar en equipo y resolver problemas conjuntamente. Ello se puede aplicar a distintos hábitos de la vida, pues somos gregarios en nuestro trabajo, en clase o en nuestra comunidad de vecinos.
  • Cuidar y espetar el bien común. Ya que tenemos que convivir en sociedad, es evidente que hemos de respetar y mantener entre todos aquello que compartimos. En este apartado entraría, como no, la protección del medio ambiente. Y no solo a gran escala, sino de aquello que nos envuelve. Enseñar a un niño en valor de usar una papelera antes que tirar un papel al suelo, aunque nos pueda parecer un acto nimio, dice mucho del tipo de educación cívica que ha adquirido.
  • Respetar, tolerar y valorar al otro. Aunque todos los individuos seamos iguales ante la ley, no lo somos de facto. Es decir, existen diferentes creencias, religiones, culturas, etc. Y debemos aprender a respetar y valorar la diversidad como uno de los bienes más preciados que poseemos. De lo contrario, surgirán fricciones que no podremos solventar. El respeto al prójimo, al vecino, es uno de los valores cívicos más importantes, pues construye ciudadanos más inteligentes y capaces.

Como podemos comprobar, en esta vida es tan importante adquirir conocimientos técnicos o profesionales como tener en cuenta cuáles son los derechos humanos más fundamentales. Solo así sabremos en qué momento éstos se están vulnerando y podremos hacer algo al respecto. Estas tres normas de convivencia que acabamos de ofrecerte engloban muchas más prácticas, pero son un buen punto de partida para orientar a los y las jóvenes a que asuman sus responsabilidades y deberes cívicos. Solo así se puede participar activamente en el seno de una comunidad.

Fuente / Misrespuestas

Foto / flickingerbrad

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