¿Tiene el comercio online la culpa de la contaminación?

Algunos periodistas creen que el comercio online está siendo el responsable de los aumentos en los niveles de contaminación.

repartidor online

Leemos en varios periódicos en los últimos días que el comercio online se ha convertido casi de manera inesperada en uno de los causantes principales de la contaminación en las grandes ciudades. Y nuestra primera reacción ante estas declaraciones es de sorpresa, aunque no tardamos en ver claramente que sí es cierto que existe cierto debate posible alrededor de esta idea.

Estos artículos, que no es por pensar mal, pero sospechamos que están fomentados por ciertos grupos del sector comercial, hacen especial hincapié en que la venta online provoca que a diario se repartan miles de paquetes en todas las ciudades. Y claro está, con el reparto de miles de paquetes también es necesario sacar a las calles cientos de camiones y motos que se ocupen de las entregas. Por lo tanto, esa base tiene lógica: más vehículos = más contaminación. Si no rascamos en la superficie y no llegamos más a fondo hay que reconocer que hay mucha lógica en lo que se está diciendo.

Luego viene cuando lo pensamos mejor y comenzamos a unir cabos. Primero: las unidades de reparto. Nosotros escribimos desde la capital y no sabemos con exactitud cómo está la situación en otras ciudades, pero aquí los repartidores que van caminando de casa a casa se han convertido en parte del paisaje habitual de una mañana en Madrid.

Estos repartidores hacen el mismo trabajo que los carteros, aunque cambian el carro clásico de la compra que llevan los carteros (que ya podrían darles un equipamiento más conveniente) por bolsas de transporte que llevan en la espalda y que aunque pueden parecer un poco aparatosas no son tan incómodas como aparenta a primera vista. Estos repartidores tienen zonas determinadas y van entregando los paquetes con rapidez y habilidad. Es gente joven que encuentra una forma de sacar un ingreso y no parecen precisamente insatisfechos con su trabajo. En cualquier caso, que no conduzcan un vehículo implica que no contaminan.

Claro está, estos repartidores no van a cargar con cosas pesadas, pero dado que una gran parte de las compras de Amazon son cosas pequeñas: un DVD, un videojuego, un libro, un CD, una máquina de afeitar, etc, etc, no supone un problema para ellos. Las cosas grandes sí que quedan vinculadas a la entrega por mensajería tradicional, algo de lo que se ocupan las empresas que trabajan para Amazon, desde la propia Correos hasta Seur y otras mensajerías. Son, por otro lado, empresas cuyos camiones ya circulan, así que les importa poco repartir 10 o 20 paquetes más de los habituales una vez ya se han puesto en marcha.

contaminación por el comercio

Uno de los argumentos que se utilizan para fomentar el abandono del comercio online es que se contamina más que si cada familia fuera al supermercado a comprar lo que necesita. Pero claro está, eso teniendo en cuenta que la familia fuera caminando. ¿Y si van con el coche? Pongamos que un camión reparte al día 15 compras de supermercado, eso podría significar 15 coches de familias que circularían para la misma tarea si lo tomáramos por la vía tradicional. Lógicamente, el gusto está en el punto medio, porque sabemos que muchas familias van con su carrito, sus bolsas o sus mochilas a comprar. El objetivo es contaminar menos, sea como sea.

El problema de todo esto es que los gobiernos y los ayuntamientos no están consiguiendo lidiar de manera conveniente con la fiebre del ecommerce. Se está viendo un apalancamiento del comercio tradicional, una bajada en ventas sensible en tiendas de toda la vida que antes estaban llenas y que ahora quedan relegadas a segundo plano “porque en Amazon es más barato”. Y no solo hablamos de Amazon, hablamos de muchas otras tiendas online que están superando a sus rivales físicas en comodidad, prestaciones, en catálogo y en precios. ¿Cómo enfrentarse a esto? Tirar mala prensa sobre el comercio online no parece que sea la forma más conveniente, dado que lo único que hace esto es alentar a quienes se debaten entre comenzar a prescindir del comercio físico, porque al fin y al cabo, se ve demasiado bien el plumero de quienes intentan estas prácticas.

Es cierto que el comercio tradicional tiene que subsistir, que no se pueden producir situaciones como la de la cadena de jugueterías Toys ‘R’ Us y que hay que apostar por seguir comprando en vivo para no convertirnos en reclusos de nuestro hogar. Pero de conseguir que las tiendas alcancen esa nueva generación a la que tienen que llegar se tienen que ocupar los gobiernos, que de momento se limitan a abandonar a su suerte al pequeño comercio para que se busque la vida pensando nuevas maneras de intentar atraer al público. La cosa no va bien para los rivales del ecommerce, pero no será por la contaminación ni por cortinas de humo similares. Ya veremos cómo termina esto en 10 años y si llega un momento en el que todo lo compremos digitalmente.

Foto: cdzGellinger

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