Los transgénicos, alimentos manipulados

Los transgénicos son productos alimenticios alterados genéticamente. Estos alimentos son inmunes a los herbicidas por lo que las plagas de insectos no les afectan. En cambio, su proliferación está haciendo un gran daño al medioambiente, además está destruyendo la agricultura familiar, otorgando todo el poder a las grandes empresas productoras de alimentos. Los grupos ecologistas se están encargando de concienciar a la población del grave error que se ha cometido, mientras tanto, en los supermercados una gran parte de los productos que compras son transgénicos.

El maíz es uno de los principales cultivos transgénicos

También conocidos como Organismos Modificados Genéticamente (OMG), los transgénicos son aquellos alimentos que son producidos a partir de la manipulación genética de un organismo mediante ingeniería genética. ¿No has salido a comprar al supermercado y te has preguntado qué alimentos son naturales y cuáles son producidos de manera sospechosa? No hay nada como comerte una fruta recién cogida de un árbol plantado de forma natural. La mayor parte de los productos transgénicos provienen de plantas como el algodón, el maíz o la soja. La ingeniería genética que trabaja para la obtención de estos alimentos opera básicamente insertando determinados genes en ciertos cultivos con el fin de obtener híbridos. Es decir, se basa en la manipulación de las secuencias de ADN

Desde el Neolítico, el ser humano ha manipulado los cultivos para obtener beneficios económicos. En aquellos momentos, al desaparecer las grandes presas de caza, al hombre no le quedó más opción que buscar alimentos en los árboles y en las plantas. Con este motivo, fue frecuentando los mismos terrenos, abandonando su modo de vida nómada. Poco a poco, las plantas de las que se alimentaban comenzaron a tener un peso específico en la dieta del hombre, que fue modificando sus características. Así, comenzó la agricultura y la manipulación de las plantas con unos determinados fines económicos. En el caso de los transgénicos, el método responde a un comportamiento parecido, sin embargo, las necesidades humanas de las que surgieron fueron diferentes. Aunque habría que matizar que no son necesidades propiamente dichas, sino que son necesidades creadas para satisfacer la ambición de los países desarrollados por controlar completamente el comercio de materias primas. De esta forma, no tienen que depender de la producción de los países subdesarrollados. En 1983 se produjo la primera planta transgénica y en 1994 se aprobó la comercialización del primer alimento modificado genéticamente.

Gracias a los productos transgénicos se ha conseguido aumentar la productividad alimenticia en el mundo. Sin embargo, esto no supone, como algunos predijeron, que se acabe con el hambre en el mundo. Este problema acabará cuando los países desarrollados sepan gestionar los recursos de los países subdesarrollados, dejando que puedan competir en el comercio internacional en igualdad de condiciones. Bien es cierto que los cultivos manipulados genéticamente resisten mucho mejor la agresión de los herbicidas que los cultivos ecológicos. Es, por tanto, que tienen unas garantías de defensa frente a las plagas de insectos, uno de los principales problemas –sino el más devastador– de la agricultura. Ante estos beneficios, salen al paso grupos de ecologistas para recordar el grave impacto medioambiental que estos productos provocan, así como los cambios culturales, los perjuicios en la salud, y los problemas legales que de ellos se derivan. Como señala Greenpeace en su web, “los transgénicos amenazan nuestra salud y deterioran el medio ambiente. Contaminan otros cultivos y destruyen la agricultura familiar, agravando el hambre en el mundo”.

Foto: Gina Manfredi ocampo en Wikimedia

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