Las empresas y negocios de Japón reaccionan al coronavirus

En Japón se están tomando medidas para intentar que el coronavirus no se siga extendiendo entre más personas.

Hello Kitty mascarilla

Las consecuencias de un problema mundial como el coronavirus se están notando en todo tipo de entornos. Si bien en España de momento (y esperemos que así siga), la presencia del virus es mínima, en otros países como seguro que sabéis el impacto está siendo tremendo. En Japón, desde donde escribimos estas líneas, se está haciendo todo lo posible desde el gobierno para tratar de que la situación sea lo menos complicada posible. Y eso en algunos casos significa tomar decisiones que pueden no resultar populares. Pero de la misma manera en la que se canceló el Mobile World Congress de Barcelona, a veces hay que tomar decisiones drásticas para asegurar que la situación no se complica aún más y que todo se mantiene estable.

Hace unas horas leímos cómo el parque temático de Hello Kitty en Tokyo anunciaba el cierre de sus puertas hasta dentro de unas semanas, ya en el mes de marzo. El motivo argumentado es evitar que sus empleados y visitantes se expongan a las grandes concentraciones de personas que se reúnen en el lugar. Tengamos en cuenta que este parque temático es indoor, por lo que el contacto con las bacterias es todavía más posible que en lugares abiertos como es el caso de Disneyland (además, tampoco es un sitio precisamente grande).

Por su lado, el gobierno está recomendando y pidiendo a las empresas que permitan a sus trabajadores hacer sus labores desde casa, evitando así el trayecto en tren y el contacto con compañeros en la oficina. Si bien esta recomendación debería haber alegrado a población y empresas, porque estas también ahorrarán si no tienen que abrir las oficinas, en realidad no ha sido bien recibida. Las empresas se quejan de que no tienen una forma de actuación en este contexto porque no están preparadas para ella y los empleados, en muchos casos, prefieren mantener una línea estable y no salirse de lo que hacen siempre. Al final la conclusión no es buena para el país, porque no se implica tanta gente como se tendría que implicar.

Uno de los problemas generalizados es que, por ahora, aunque se le han visto las orejas al lobo, lo cierto es que los ciudadanos han preferido mirar hacia otro lado. No todo el mundo, por supuesto. Pero una gran parte de las personas aún creen que no pasará nada y que todo está bien, que no hay nada de lo que preocuparse. Esto se puede reflejar en la gran cantidad de personas que, por ejemplo, continúan yendo al trabajo o saliendo de casa para visitar lugares muy concurridos sin usar ningún tipo de máscara o protección. Y aunque es cierto que resulta imposible encontrar máscaras en las tiendas en momentos aleatorios, también es verdad que a primera hora de la mañana, antes de que las tiendas abran, ya hay colas en algunas farmacias en las que se ponen a la venta máscaras durante los primeros minutos del día.

virus mobile

Por lo tanto, todo acaba siendo un problema del miedo que se le tiene a la enfermedad y de lo comprometidas que están empresas, gobierno y público. Otro problema que nosotros hemos visto de primera mano es cómo muchas de las personas que esperan en las colas de las farmacias japonesas no son japoneses, sino ciudadanos chinos. Ahí se abre el debate sobre si están comprando las mascarillas para enviarlas a su país para que las usen sus familias en caso de no tener, o si lo que están haciendo es revenderlas por precios prohibitivos. El gobierno, mientras tanto, recomienda que todo el mundo use mascarilla. Pero recomendar, acaba no siendo suficiente. Al mismo tiempo, el gobierno les dice a los fabricantes de mascarillas que, por favor, se den más brío y fabriquen más rápidamente. Lo piden con la habitual amabilidad de los japoneses, una muy agradable, pero que en situaciones de estrés resulta un poco frustrante.

Las ideas para solucionar el problema de las mascarillas son variadas y el gobierno podría bucear entre todas las propuestas que han recibido. Si la situación se estuviera tomando más en serio, por ejemplo, el propio gobierno se aseguraría de repartir mascarillas semanalmente en los hogares japoneses a razón de la cantidad de personas que residen en cada casa. Para la eficacia de los japoneses en aquello que se proponen llevar a cabo tampoco sería algo tan complicado. Otra cosa es que lo hagan.

De momento lo que está ocurriendo es que lentamente se van abriendo los ojos. Las empresas apuestan por el teletrabajo, los lugares de ocio cierran sus puertas de forma temporal, hay eventos que se cancelan y otras medidas intentan que las personas salgan menos a lugares concurridos y que eviten los riesgos. No se sabe quién podría tener el virus entre quienes nos cruzamos a lo largo del día, no sabemos si hemos tocado un manilla del tren en la que alguien con el virus estornudó hace 10 minutos, en general no sabemos nada. Pero la responsabilidad social nos tiene que llevar a ver la situación desde un punto de vista que nos ayude, ante todo, a estar protegidos e intentar reducir el nivel de riesgo.

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