La bicicleta en las ciudades del siglo XXI

El uso de la bicicleta en Europa ha tenido un auge espectacular en las últimas décadas. En consecuencia, uno de los principales ejes de debate en las principales ciudades europeas ha sido cómo regularizar el tráfico de este medio de transporte. En este sentido, la construcción de carriles bicis se ha impuesto como norma. Sin embargo, a pesar de que, aparentemente, estas iniciativas pretenden defender su utilización, muchos usuarios de la bicicleta piden compartir la calzada con otros vehículos.

Muchas veces no sabemos ni dónde meter la bicicleta

La bicicleta es el medio de transporte más limpio que se puede utilizar en una ciudad. Sin embargo, cabría preguntarse si es el más seguro. Instadas por las políticas de movilidad aprobadas en diversas ciudades europeas, como Ámsterdam o Copenhagen, las ciudades españolas han acogido normativas más respetuosas con el medio ambiente, fomentando la utilización de la bicicleta. A pesar de que hay una gran parte de la población que apoya su construcción, son muy sonadas las opiniones de las personas que se oponen a la creación de carriles bicis.

En primer lugar, habría que reflexionar si estas vías son consecuencia o causa del aumento del número de bicicletas en una ciudad. Es decir, ¿se proyectan carriles bicis para organizar de una forma más eficaz el tráfico, ocupado en buena parte por bicicletas? o ¿se construyen primero para animar a los ciudadanos, temerosos de la jungla del tráfico compuesta principalmente por coches, a utilizar este medio de transporte mucho más saludable? En todo caso, también habría que cuestionarse cuál es la mejor forma de diseñar estos carriles bicis y si realmente esta es la solución para mejorar la movilidad en una ciudad y hacer de ésta un espacio sostenible. Precisamente, éste es el tema que me lleva a escribir en esta ocasión.


Los carriles bicis nacieron en ciudades punteras, en lo que al uso de la bicicleta se refiere, concretamente en zonas urbanas de Holanda y Alemania. Ocurrió durante los años treinta, años de dominio nazi. Los dirigentes nazis pretendían llevar el orden a las ciudades en todos sus aspectos: dividieron a la población y, de la misma manera, segregaron los diferentes medios de transporte. Es por eso que aquí me pregunto si la solución al transporte en las ciudades del siglo XXI se encuentra en la separación o en la integración de todos sus medios.

Aunque suene utópico, el camino que ha de realizar una ciudad para convertirse en sostenible es la pacífica convivencia de coches y bicicletas en una misma vía, en la que no se entorpezcan y en la que no se produzcan conflictos –de los cuales, normalmente, salen mal parados los ciclistas–. Por eso, los carriles bicis o vías segregadas, en mi opinión, han de ser una solución temporal. Su construcción ha supuesto, en muchas ocasiones, la invasión del espacio del peatón. En consecuencia, se ha generado una nueva lucha, antes inexistente –con el peatón–, ejemplificada en un aumento de accidentes en los que la bicicleta es protagonista. Para la integración de las bicicletas en espacios donde circulen los vehículos a motor es primordial una buena educación vial por ambas partes. La solución es tan simple que está al alcance de nuestras manos y se basa en algo tan fundamental como el respeto.

Foto: Gonzalo Barroso

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