Juzgado por primera vez en España un caso de ablación

El límite entre la tradición y los límites establecidos por el Código Penal, siempre ha sido una cuestión delicada. Dónde empiezan y acaban las libertades de los ciudadanos no siempre es fácil de establecer, y más cuando se mezclan asuntos como la religión. Sin embargo, y cuando hablamos de la mutilación genital femenina, el Código Penal es muy claro. Este tipo de prácticas están tipificadas como delito y su pena comprende un máximo de 12 años de prisión y un mínimo de 6. Los mismos que la fiscal Carmen Modrego pide para los padres que practicaron una ablación a su hija de dos años, presumiblemente en España. He aquí el problema.

Madre e hijo en Gambia

Una madre e hijo en Gambia.

Los padres, naturales de Gambia pero residentes en Alcañiz (Teruel), afirman que la ablación tuvo lugar en su país una semana después del nacimiento. Sin embargo, la pediatra que chequeó a la niña pasadas seis semanas no advirtió signos de que sus genitales hubiesen sido alterados. Pasados doce meses, y en una nueva revisión, fue el mismo servicio de pediatría de Alcañiz quien puso en alerta a la justicia, pues comprobaron que a la niña le habían extirpado el clítoris. La estrategia de la defensa consiste en demostrar que a la niña se le practicó la ablación en Gambia, afirmando que la pediatra no se dio cuenta de la misma en la primera revisión. Sin embargo, como el mismo personal sanitario ha declarado, este tipo de mutilación se advierte de inmediato.

La madre de la pequeña se ha acogido a su derecho de no declarar, aunque sí lo ha hecho el padre y dos amigas de la pareja, que han afirmado que conocían la mutilación, reafirmando la teoría de la defensa. La fiscal, sin embargo, sigue acogiéndose a las declaraciones de los pediatras que han tratado a la niña, al tiempo que señala las contradicciones de los testimonios. Si se demuestra que la ablación ha tenido lugar en España, los padres se enfrentarían a una pena de seis años de cárcel, aunque conservarían la patria potestad de su hija, pues el vínculo afectivo entre los tres es bueno.

Para la defensa, castigar a la niña con la ausencia de sus padres sería escandaloso: «En caso de condena, la consecuencia práctica es que la niña perderá por un tiempo a sus padres. Ya ha sufrido la ablación, que es bastante».

La ablación es una práctica que se concibe como una suerte de tradición, muchas veces con tintes religiosos (aunque no está contemplada por ningún culto), muy extendida por algunos territorios africanos, aunque también la localizamos en Asia, en América e incluso se han dado casos en Australia y Europa. Las consecuencias que puede acarrear la mutilación del clítoris (en algunos casos, incluso de los labios menores) son muy peligrosas. Muchas niñas mueren desangradas (por colapso hemorrágico), a causa del intenso dolor (colapso neurogénico) o a raíz de las infecciones. Las que sobreviven, acarrearán con graves consecuencias toda su vida: infecciones del tracto urinario, del aparato reproductor, infertilidad, menstruaciones dolorosas, aumento de riesgo en el parto, piedras en la vejiga… y un lago etcétera.

Más información: El País / UNICEF

Foto: Mishimoto

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