Human Rights Watch denuncia la situación de menores inmigrantes acogidos en Canarias

Una inmensa oleada de inmigrantes en 2006 trajo consigo a casi mil menores que las islas tuvieron que acoger en centros provisionales. A día de hoy esos centros están mucho más vacios, pero hay jóvenes que llevan allí años. En algunos casos, además, en muy malas condiciones. Sin agua caliente ni los servicios básicos para vivir dignamente.

Logotipo de la ONG autora del informe

Human Rights Watch es una de las ONG más importantes del mundo dedicada a la investigación, defensa y promoción de los derechos humanos. No hace mucho esta organización ha publicado un informe en el que denuncia el estado de tres centros de acogida de menores en las Islas Canarias: La Esperanza, Tegueste y Arinaga. Estos centros, denominados ‘de emergencia’, se pusieron en marcha el año 2006 ante la gran oleada de inmigrantes, sobretodo provenientes del Magreb y el África Subsahariana, que llegaron a las costas isleñas. Una marea que trajo consigo casi mil menores que se distribuyeron entre estos tres complejos de acogida provisional.

No obstante, hay jóvenes que llevan años viviendo allí. El centro más criticado es el de La Esperanza, que actualmente acoge 70 niños pero en el pasado llegó a albergar 400. Según parece, los casos de violencia son continuos, no hay calefacción ni suficientes mantas para todos y el agua caliente es limitada. “Es muy duro, sobre todo en invierno… por supuesto, tengo frío por la noche. Tengo una manta… no sirve de nada pedir otra. No te la dan. Nadie tiene dos… A veces hace tanto frío que no se puede dormir”, declara un menor.

Por suerte, no hace mucho se ha anunciado el cierre de este centro en concreto y de otro más por orden del Gobierno Canario. Los menores que ahora habitan en estos lugares serán acogidos en los demás centros de la zona. Las autoridades alegan para justificar el cierre la disminución de las oleadas de inmigrantes, que ha dejado estos centros prácticamente vacíos. Sin embargo, este también es un factor positivo. A menos niños, menos conflicto y menos violencia. Un factor que muchos del que muchos de estos jóvenes también son conscientes. «Ahora se está mejor aquí. Antes éramos muchos y había mucho ruido… antes todo era peleas», declara un chico del centro de Aringa. En él viven 50 adolescentes; antes eran 180.


¿Qué es lo que lleva a estos jóvenes a pasar tanto tiempo ahí? ¿Por qué una solución provisional se convierte en perpétua? La respuesta es el desconocimiento. No saben nada de los permisos de residencia o los procedimientos de asilo a los que tienen acceso por ley. De hecho, sólo dos menores han pedido asilo durante estos últimos años. Hay un vacío de tutela y, por tanto, de acceso a la información que deja al niño flotando en un limbo en el que su vida no avanza y sus oportunidades no son aprovechadas. Malvive en un lugar poco preparado a la espera quién sabe de qué.

HRW denuncia, aunque parezca mentira en nuestro país, una violación de los derechos fundamentales de la que seguro no somos conscientes. Hay cosas que creemos que son lejanas y propias de países en vías de desarrollo. Y, sin embargo, ocurren muy cerca de casa. Las condiciones de estos menores, tal y como apunta el informe, deben ser revisadas y mejoradas cuanto antes.

Fuente: Periodismohumano.com

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