¿Ha llegado el final del Internet libre?

El Congreso de los Diputados discutió durante toda la jornada de ayer la aprobación de la Ley Sinde sobre la regulación de las páginas web. Sobre todo, el texto se refería a aquellos portales que enlazaban con obras artísticas sin que estuviera permitido por el autor su descarga. El debate en la sociedad se ha instalado. Ante el rechazo de la norma, se plantean otras muchas salidas de abordar la gestión de creaciones audiovisuales. Sin duda, la industria cultural ha de renovarse ante los nuevos tiempos.

Ángeles González Sinde

Desde hace algunos años, concretamente, desde el boom de Internet entre la población, el tema de la cultura se ha convertido en objeto corriente de discusión. La ciudadanía ha encontrado un medio sencillo, rápido, efectivo y económico a través del cual poder compartir libros, música, cine y otras obras artísticas. Pero ya se sabe que, cuando todo marcha bien, hemos de temer lo peor. Pues así ha sido. Cuando Internet gozaba de una libertad infinita dentro de las fronteras españolas (porque en China no pueden decir lo mismo), llega un gobierno y quiere poner cerco a dicho espacio.

Desde la mañana del día 21 de diciembre de 2010 se está debatiendo en el Congreso de los Diputados una serie de medidas proyectadas por el gobierno socialista, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, y que tiene como nombre Ley de Economía Sostenible (LES). Entre los puntos más polémicos de este paquete legislativo se encuentra la, ya famosa, Ley Sinde, en honor a la guionista, directora de cine y ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. En ella se pretende dar carpetazo al asunto de las descargas de Internet. He aquí el problema. La Ley anti-pirateria está englobando dentro del mismo saco cualquier tipo de descarga de material registrado bajo derechos de autor. Es decir, que si no hay consentimiento expreso de la persona que ha realizado la película, que ha firmado el libro o que ha compuesto la música, dichas obras artísticas no podrán ser compartidas. Y es que el principal tema de debate que acarrea esta ley reside en que se está legislando sobre un hecho altruista. ¿Qué pasa si quiero dejar un libro a un amigo? ¿Le tengo que pedir permiso al autor? ¿Y si mi amigo se encuentra a miles de kilómetros? Evidentemente, no voy a viajar para prestárselo. Internet permite compartir de forma instantánea y eso es lo que lo hace atractivo. En caso de que esto empieza a ser regulado, ¿quién decide lo que podemos y lo que no podemos prestar? ¿Hasta dónde llegará el desproporcionado poder del lobby audiovisual, musical y literario?


Mientras la ley la discuten los políticos, la ciudadanía se ha puesto de acuerdo para protestar contra esta medida abusiva. En todo esto hay que tener en cuenta una cosa y es que hablamos de un mundo con excesivo poder, que está consiguiendo anular una de las principales armas con la que contaba la ciudadanía occidental del siglo XXI: la libertad en la red. Una lástima.

Foto: unknown

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