Extremismo meteorológico en España

El cambio climático está dejando patente ya sus efectos. Uno de los más graves y que afecta a toda la población son la desaparición del otoño y la primavera. Cada vez se pasa antes del calor al frío. Pero lo peor de todo es que cada vez aguantamos inviernos y veranos más duros. El extremismo meteorológico ya es una realidad.

Las temperaturas en España cada vez son más extremas

Esta ola de frío está dejando bien claro cuáles son los efectos del cambio climático. Hace pocos días salió a la luz un reportaje en el diario El País que contaba cómo España se estaba convirtiendo en uno de los países con las temperaturas más extremas de toda Europa. “España: sartén y nevera” rezaba el titular del artículo. Y no le falta razón. Los termómetros en la Península Ibérica pueden pasar de 45 grados a -30 grados. Si echan cuentas, 75 grados de diferencia es una pasada, una barbaridad. Bien es cierto, que otros países europeos tampoco están exentos de estas extremas temperaturas. Por ejemplo, Moscú, la capital del frío, la ciudad más grande la Madre Rusia, allá donde el General Invierno derrotó a las tropas de Napoleón y Hitler, también experimenta contrastes similares. Sólo hay que ver dos fotografías en invierno y en verano. El Kremlin ruso puede ser testigo de temperaturas inferiores a 30 grados y de niveles superiores a 40.

En España, un estudio reciente de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), titulado Resumen de los extremos climatológicos en España, repasa las temperaturas más extremas jamás registradas en nuestro país. Entre ellas caben destacar los 47,2 grados registrados en Murcia el año 1994 y 46,6 grados de Córdoba y Sevilla en 1995. Estas olas de calor se alternan con los fríos inviernos. El estudio recoge como principales hitos los -30 grados de Calamocha (Teruel) en 1963 y los -28,2 en Molina de Aragón (Guadalajara).


En cuanto a las precipitaciones, tampoco se puede decir que sean regulares. En pocos años se pasa de la sequía más extrema (recuerdo cuando de pequeño tenía que ducharme antes de las 20:00 horas, pues cortaban el agua) a las inundaciones más catastróficas. De esta manera, no se puede decir que España actúe como un desierto, pues llover, llueve. De hecho, la sierra de Grazalema, en Cádiz, es uno de los puntos más lluviosos de toda Europa. Lo que contrasta con otro punto meridional de la Península Ibérica, la provincia de Almería, que aunque en la Antigüedad era un bosque, actualmente es uno de los desiertos más áridos de todo el mundo.

Los efectos del calentamiento global no son nuevos. Se están notando desde hace tiempo, pero parece que cada vez va más en aumento. Una de sus principales consecuencias es la desaparición del otoño y la primavera. Hoy en día sólo nos quedan el invierno y el verano. Calor y frío.

Foto: teoruiz

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