“En Barcelona todo cabe, pero no todo vale”

“En Barcelona todo cabe pero no todo vale”. Esta es la última campaña que desde el ayuntamiento de la ciudad condal se ha lanzado para combatir las prácticas incívicas. Consiste en una serie de carteles que avisan de cuáles son estos comportamientos ilegales y cómo están sancionados. Van desde los 125 euros por jugar en la calle hasta los más de mil por destrozar mobiliario urbano o beber en la calle.

La ciudad lamenta las conductas incívicas

En Barcelona se ha iniciado una interesante campaña contra el incivismo que azota diariamente las calles de la ciudad. Aunque ya se han tomado diversas medidas en momentos anteriores, en esta ocasión, los espacios públicos se han llenado de carteles que avisan de las conductas incívicas más comunes en la ciudad y de su repercusión económica. Bajo el lema “En Barcelona todo cabe, pero no todo vale”, el ayuntamiento de la ciudad condal se ha propuesto acabar con este tipo de comportamiento.

La ordenanza cívica aprobada en Barcelona castiga prácticas tan molestas como orinar en la calle, que le puede costar al infractor unos 750 euros. Otras como beber en la calle, tirar basura a la calle o destruir el mobiliario urbano pueden llegar a superar los mil euros. Además, jugar a la pelota en la calle está penalizado con 125 euros. También se castigan otras prácticas como la prostitución, no limpiar los excrementos de los perros, la venta callejera ilegal o la pintura de graffitis. Sin duda, muchas de estas prácticas están bien sancionadas, sin embargo, en mi opinión hay otras que son exageradas. Creo que hay una excesiva prohibición en todos los sentidos y se generaliza demasiado en algunas prácticas.

En primer lugar, sancionar a las prostitutas, con las crueles historias que suele haber en sus historiales, es una decisión un tanto delicada. En segundo lugar, penalizar por jugar a la pelota me parece que carece de cualquier sentido. Además, tampoco creo que haya mucha gente jugando en la calle con las magníficas instalaciones deportivas que existen en Barcelona. Por lo que prohibir algo que casi no existe es cuanto menos discutible. En tercer y último lugar, está bien sancionar a quien orine en la calle, sin embargo, echo en falta una medida complementaria como la de instalar más servicios públicos, cosa que otras ciudades europeas sí que hay.

En definitiva, las conductas incívicas son del todo despreciables, sin embargo, habría que delimitar con mayor nitidez cuáles son estas prácticas. En mi humilde opinión creo que el ayuntamiento se ha limitado a prohibir sin proponer alternativas, sin proyectar medidas constructivas. Sin duda, creo que esta ordenanza, más que legislar a favor de un comportamiento más cívico, responsable y respetuoso con los demás, tiene como objetivo recaudar impuestos en forma de multas. En la mayoría de los casos, la mejor forma de evitar estas conductas es educando, y no prohibiendo y multando.

Fuente: Oh-Barcelona
Foto: Gonzalo Barroso

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