El protagonismo de la actividad comunitaria en el nuevo milenio

Las organizaciones sociales han adquirido un protagonismo tal que ya nadie niega su influencia en decisiones políticas y económicas de alcance nacional e internacional. El poder y la participación de todos los sectores cuentan en este milenio con mayores posibilidades de acción y protagonismo

Y sí, la unión hace la fuerza. Y tal es el impulso que genera el trabajo comunitario considerado como “el tercer sector”, también conocido como sector voluntario, no lucrativo, solidario, de economía social.

Las organizaciones sociales se han constituido en un espacio de referencia, con un poder de acción e influencia de tanto peso como el de los gobiernos y el de las actividades económicas. Dando cuenta una vez más de la potencia del quehacer humano cuando las personas se asocian para lograr un fin en común.

La definición de ONG (Organizaciones No Gubernamentales) ubica a estas estructuras por fuera del ámbito político. Así se las nombra popularmente, siguiendo la terminología que comenzó a utilizar Naciones Unidas a fines de la década del 40: NGO en inglés, Non Governmental Organizations.

Independientemente de cómo se den en llamar, todas tienen las características de ser independientes del sector político y gubernamental, y no lucrativas. Sin embargo actúan en esferas clásicamente consideradas propias de las actividades de los gobiernos, como son la prestación de servicios sociales y en general la producción de bienes públicos o cuasi-públicos como la educación, la salud, la nutrición infantil, la vivienda, la promoción de diversas actividades comunitarias, la protección del medio ambiente, la ayuda humanitaria, el desarrollo económico, la investigación, la cultura, los derechos humanos, la transferencia tecnológica y la ecología entre tantas otras.

Que sus finalidades no tengan fines de lucro no significa que no puedan cobrar por los servicios que ofrecen. Lo que no pueden es repartir los ingresos entre sus miembros como si fueran ganancias de una actividad mercantil.

La razón de ser de cada una de ellas es tan heterogénea como la variedad de intereses, actividades, necesidades y demandas sociales que existen hoy en el mundo. Las ONG varían enormemente en cuanto a su grado de organización, presupuesto, control y sentido. En general tienen como objetivo realizar algún tipo de contribución a temas particularmente sensibles de la comunidad, no cubiertos por políticas de estado o cuando éstas resultan insatisfactorias para algunos grupos o intereses. Sus fundadores son quienes determinan el alcance y los límites de estos objetivos.

Jurídicamente adoptan diferentes estatus, como fundaciones, corporaciones, cooperativas, asociaciones, etc.

Son consultadas permanentemente por las distintas áreas oficiales y suelen recibir un importante apoyo del área empresarial. Las razones, las interacciones y los intereses que se generan en estas relaciones serán tratadas con detalle en los siguientes posts. Ya que, como en toda actividad humana, la variedad de ideologías, motivaciones, puntos de vista, objetivos, generan conflictos que ameritan un análisis particular.

En general aportan una mejor comprensión de los distintos fenómenos sociales que afectan a las personas e intentan dar respuestas concretas a problemáticas complejas.

Pero junto con sus finalidades ejecutivas, van desarrollando una función de concientización: deben influenciar la opinión pública para ganar adhesiones.

El poder creciente que van ganando las ONG está hoy potenciado por el desarrollo de las comunicaciones, que les han permitido expandirse, conformando redes que alcanzan virtualmente a todo el mundo. La posibilidad de sensibilizar a la comunidad internacional utilizando los medios, hace que vayan logrando cada vez mayor credibilidad, acreditada muchas veces por el resultado de sus acciones. Así van adquiriendo prestigio, lo cual les permite presionar directamente a gobiernos o empresas para el logro de sus fines.

Algunas tienen una reputación y una credibilidad que les da un gran poder de convicción a escala nacional e internacional. Otras carecen de credibilidad entre los ciudadanos, pero pueden movilizar manifestaciones que exigen la atención de los gobiernos.

Las ONG y las organizaciones de red tienen recursos y los utilizan. No tienen un poder duro coercitivo, pero sí un considerable poder de convicción, o blando (‘soft power’), cada vez más internacionalizado con la posibilidad de acceso a todo el mundo a través de Internet.

Además, tienden a pluralizar la política mundial llamando la atención sobre cuestiones que los gobiernos a veces ignoran o no resuelven, al actuar como grupos de presión. Los gobiernos deben compartir el escenario de poder con otros muchos que compiten por la atención.

Las empresas logran prestigio asociando su imagen a causas que son valoradas por el resto de la sociedad, lo cual funciona como publicidad para ellas. Y los aportes económicos de grandes sectores empresariales sirven a las asociaciones para el desarrollo de sus actividades. Un intercambio que en general beneficia a ambos.

Pero existe además la atención a la particularidad, a problemáticas específicas y minoritarias que recurren al poder de la asociación para cumplir determinada función. Y en este sentido tienen un rol irreemplazable.

Un concepto importante en este contexto de apoyo social tiene que ver con el llamado empoderamiento, proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven. El empoderamiento busca aumentar la autoridad y el poder de los individuos sobre los recursos y las decisiones que afectan su vida. Es decir, refiere a la necesidad de que las personas objeto de la acción comunitaria se fortalezcan en su capacidad de controlar su propia vida. El poder de hacer, de ser capaz, así como de sentirse con mayor control de las situaciones.

El empoderamiento también puede ser interpretado como un proceso que garantiza los derechos humanos y la justicia social a un grupo marginado de la sociedad. Según este enfoque, el individuo tiene un rol activo y puede actuar en cualquier programa de cooperación con una actitud crítica. Esta noción rompe con la idea de que el individuo es un ser pasivo de la cooperación y pasa a convertirse en un actor legítimo. Se desliza también el viejo objetivo de la caridad a la más comprometida y actual propuesta de apoyo y solidaridad.

Creación de conciencia, fomento de la cooperación y de la solidaridad, atención de intereses y problemáticas particulares, funciones comunes para una forma de estructuración social en asenso.

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