El futuro de nuestro agua

El agua, fuente de vida, es el origen de todo, y también en los alimentos que ingerimos diariamente, debido a que, precisamente, se han nutrido de un recurso hídrico en su cultivo.

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Escasez de agua

No podemos eludir el hecho de que la escasez de agua puede tener una trágica repercusión en el hambre en el mundo. De hecho, un gran número de los habitantes de la Tierra sufren esta carencia y algunos estudios señalan que, hacia el 2025, miles de millones de personas vivirán en regiones afectadas por un problema agudo de falta de agua, mientras que otros estarán viviendo bajo unas condiciones de desesperación por el hecho de no poder disponer de agua potable.

Asimismo crece exponencialmente la demanda de más alimentos, especialmente la carne. Como informa la FAO, el consumo de carne crecerá desde los 37 kilos anuales por persona que se registraron de media durante el periodo 1999/2001, hasta 52 kilos el año 2050.

Una tendencia insostenible que se topará con la realidad que vaticinan muchos expertos, la de los campesinos de algunas regiones, que ya sufren importantes restricciones de agua, en el sur y el este de Asia o en Oriente Próximo, deberán hacer lo imposible para producir suficiente alimentos para garantizar su supervivencia. O negocios que consumen mucha agua potable.

Estos riesgos determinan un cambio de talante, y todo ya se habla de cosecha de agua, una fórmula de gestión agrícola en que se trata de resolver el problema de alcanzar la máxima producción con el mínimo de consumo de agua. En estos modelos, una buena aplicación del riego, sobre todo en su combinación con el agua de lluvia, es la primera tarea de cultivo. La FAO hace ya varios años que se apresura a inculcar esta nueva cultura de menos gasto de agua en el cultivo, en los países en vías de desarrollo, a través de iniciativas que se desarrollan desde el 2002, que ofrecen al campesino asistencia técnica en el diseño y la aplicación de nuevos sistemas de irrigación. Este servicio, además, ha realizado una estimable compilación de nuevos conocimientos para avanzar en el riego inteligente.

Se trata, de hecho, de generalizar una agricultura de conservación, que necesita menos agua y que se basa en tres ejes principales, como poco trabajo mecánico sobre el suelo, dejar permanentemente una cubierta orgánica sobre el suelo y la diversificación de cosechas en secuencias preestablecidas.

Dentro del propósito de replicar estos previsibles déficits, en el futuro inmediato también serán fundamentales entre las políticas del agua, como se señala reiteradamente desde las Naciones Unidas, el tratamiento de aguas urbanas para destinarlas al riego agrícola, todo aprovechando su contenido en nutrientes. Cabe decir, sin embargo, que habrá que hacer un importante esfuerzo.

Foto: Denis Langerak

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