Comercio justo, una iniciativa solidaria

El 14 de mayo es el Día Internacional del Comercio Justo una iniciativa solidaria que intenta buscar una nueva forma de comprar en la que primen los criterios de justicia, sostenibilidad y respeto por el trabajador y el medio ambiente en la elaboración de los productos.

Muchas veces nos hemos planteado qué podemos hacer para evitar que las empresas exploten a sus trabajadores en los países menos desarrollados y luego vendan sus productos en nuestros supermercados a precios irrisorios si tenemos en cuenta lo que reciben sus trabajadores. No nos damos cuenta de que con nuestro consumo estamos incentivando este tipo de actuaciones en las que, mientras que algunos solo ven cierta “picaresca” y “fórmula de rentabilidad” para las grandes compañías, se esconde una verdadera forma de neo esclavitud que todos apoyamos  de manera indirecta.

Logos certificados de comercio justo

Contra eso es contra .lo que lucha el comercio justo. La idea es sencilla. Si queremos evitar que las empresas  empleen estas fórmulas de “negocio”, lo primero que debemos hacer es mostrarles que no estamos conformes con ellas y, nos guste o no, solo hay un lenguaje que los grandes empresarios comprenden a la perfección, el del dinero.  Y de esa convicción nace el comercio justo.

Pero, ¿en qué consiste esta nueva forma de comprar y hacer negocios? La base del comercio justo es el desarrollo de una nueva forma de relación entre empresas y consumidores en la que primen aspectos como la transparencia, la honestidad, el respeto al medio ambiente y el respeto a los derechos de los trabajadores y la abolición de la esclavitud infantil.  La idea es que los consumidores solo compren aquellos productos que tienen un sello de “comercio justo”, algo que las empresas solo pueden conseguir si se someten a un riguroso examen de sus procesos de producción y certifican que cumplen con los criterios que exige tener el sello.

Por ejemplo, los empresarios deben asegurar que en sus fábricas se respetan todos los derechos de los empleados y que se les paga un salario acorde al trabajo que realizan. Asimismo, deben asegurar unas buenas condiciones laborales y que las factorías respetan el medio ambiente de los lugares en los que se asientan, que sus productos cumplen con todos los criterios de calidad establecidos por las instituciones internacionales y que, en el caso de la producción agrícola o ganadera, ser respetan criterios de sostenibilidad y desarrollo ecológico.

El objetivo final es que, mediante la compra solo de aquellos productos que han obtenido dicho sello de calidad, las empresas se den cuenta de que los consumidores prefieren pagar un poco más pero asegurarse de que los procesos de producción respetan a los trabajadores, que un precio más bajo sin respetar los criterios de producción. Una iniciativa solidaria que confía en la idea de que  negocio y derechos no tiene por qué estar reñidos y que nos da a todos una oportunidad de demostrarlo.

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