Balones cosidos a mano a comienzos del siglo XXI

El mundo del fútbol tiene dos caras. Una, la que todos conocemos: la de los futbolistas, iconos del siglo XXI, gente adinerada y famosa. Otra, la de los trabajadores que sostienen la estructura de este negocio. Muchos de estos trabajadores están casi en situación de esclavitud, con salarios ridículos, horarios de trabajo eternos y frecuentes abusos físicos. Estas personas trabajan, sobre todo, en la fabricación de balones y camisetas, productos que, en gran parte, sostienen las ganancias de los nuevos ricos del siglo XXI: los futbolistas.

En el mundo del fútbol hay ricos y pobres

Mientras que Cristiano Ronaldo y otras grandes estrellas de fútbol se lucen en el Mundial de Sudáfrica, miles de personas trabajan en la sombra para que este espectáculo deportivo pueda llegar a todos. Desde los obreros que trabajaron en la construcción de los estadios hasta los periodistas que cubren el evento, todos han participado para que este deporte sea una de las actividades más influyentes del siglo XXI. Sin embargo, hay poca gente que tenga en cuenta a las personas que trabajan, por ejemplo, cosiendo a mano balones y camisetas. Muchos de estos trabajadores y trabajadoras, de origen pakistaní, indio, chino y tailandés, se encuentran en una situación laboral de explotación, con horarios abusivos y salarios ínfimos.

El mercado que acompaña al fútbol es uno de los que están más en forma, teniendo en cuenta la crisis económica que sacude a la sociedad occidental. Los medios de comunicación han contribuido decisivamente a que la depresión se supere, aunque sea superficialmente, desviando los problemas reales de las personas hacia un campo de fútbol. Los fichajes millonarios de los clubes, europeos principalmente –aunque también comienzan a apuntarse a la maquinaria futbolística clubes de Estados Unidos y de Oriente Medio–, son financiados, en gran parte, con la venta de camisetas, que suelen rondar los 80 euros.

Gran parte de estos productos son fabricados en el Lejano Oriente, donde la mano de obra es más barata y más fácilmente manipulable. Sin duda, el mundo del fútbol es un claro paradigma de la división internacional del trabajo del nuevo milenio.

El opio del pueblo ha conseguido abstraer a la sociedad occidental de sus problemas personales o laborales, fomentando el consumo de productos deportivos. Pero únicamente los sectores privilegiados de la población mundial se pueden permitir estos lujos. ¿Quién no ha tenido una camiseta de fútbol o un balón de fútbol y no se ha preguntado por la persona que lo había elaborado? Pues bien, creo que la gente debe ser más consciente de la podredumbre en la que se encuentra sumido este mercado. Es lamentable que haya personas en el siglo XXI trabajando a mano por una miseria durante más de 14 horas para enriquecer a unos pocos. Parece que la institución de la esclavitud se ha adaptado a los tiempos, tiempos en los que los futbolistas son los héroes de la sociedad postmoderna, del neoliberalismo, de la manipulación informativa y de la acomodada sociedad de consumo.

Foto: Jonathan McIntosh en Wikimedia

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