¿Vender la empresa familiar? Sí, pero con matices

Salvaguardar la heráldica antes de vender es uno de los puntos más importantes

Hace poco te contábamos aquí las dificultades que están teniendo las pequeñas y medianas empresas familiares para mantenerse a flote en estos tiempos de recesión. La empresa familiar sustenta el PIB español en un 70%, pero es uno de los negocios más difíciles de mantener. De hecho, solo el 15% de dichas compañías llegan a superar la tercera generación. ¿Por qué se disuelve un negocio de familia? Básicamente, por dos razones: un relevo generacional poco motivado para continuar en la empresa o las disputas familiares, que son muy comunes en estos lares. Y es que, si hace veinte años el hecho de vender se consideraba sinónimo de fracaso, ahora las transacciones de este tipo están a la orden del día. Sin embargo, una empresa familiar no es como otra cualquiera, ya que conlleva una serie de activos intangibles que es necesario valorar antes de realizar la venta.

Trabajar con la familia no siempre es fácil.

Así lo cree Marta Beltrán, directora de Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid (Adefam) que, en un artículo publicado en Expansión, señala algunos matices a considerar si nos planteamos vender el negocio. En primer lugar, no hay que olvidar que debemos separar el valor económico de la empresa del valor sentimental, solo así podremos realizar una compra-venta justa y realista. Sin embargo, hay consideraciones a tener en cuenta que no se miden con dinero. Una de ellas es, sin lugar a dudas, la heráldica. Tras hacer el pertinente balance financiero y separar el patrimonio personal de aquel ligado a la empresa, se debe intentar salvaguardar el apellido familiar, sobre todo si éste es la marca de los productos.

Se ha demostrado que cuando la marca se asimila al apellido, sea más o menos conocido, se insufla un plus de fiabilidad en el consumidor. Se presume un producto más cuidado y de confianza, por lo que el apellido es uno de los activos más valiosos que tiene una empresa familiar. Si no mantenemos los derechos sobre la marca no podremos iniciar un negocio nuevo con el mismo apellido, ni tampoco podremos controlar lo que otros hacen con nuestra imagen. Una de las opciones que propone Beltrán es la de no abandonar del todo la sociedad, sino seguir participando como consejero. De hecho, son muchos los compradores que acceden de buena gana a esta opción con el objetivo de tener a alguien con experiencia en la empresa.

Y es que, si nos decidimos a vender nuestro legado familiar, tenemos que hacerlo con conocimiento de causa.

Foto por jlastras en Flickr

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