El MIT apuesta por una startup educativa española

Smartick consigue el apoyo de la prestigiosa universidad norteamericana para presentar su idea en Estados Unidos. Lleva seis años en marcha y cuatro en el mercado.

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‘Si la lección es divertida, nunca se olvida’. A buen seguro, más de un alumno se echará unas intensas carcajadas con esta frase tan común entre los pedagogos. En cualquier caso, es evidente que si en la enseñanza convergen conocimientos y amenidad, es mucho más probable que se produzca un aprendizaje significativo. Una startup española ha optado por aplicar esta filosofía a una de las disciplinas más impopulares de los planes de estudio, las matemáticas. Su proyecto acaba de recibir un espaldarazo académico mayúsculo.

La startup en cuestión es Smartick y la institución académica que ha avalado su funcionalidad es el prestigioso Massachussets Institute of Technology (MIT). Un aval que se ha materializado en forma de asesoramiento con vistas a la expansión de Smartick por el territorio estadounidense. El MIT reconoce que aprender y enseñar matemáticas puede ser muy difícil y que ideas como las de esta empresa española contribuyen a que la tarea pierda complejidad. Desde el laboratorio de aprendizaje y enseñanza del MIT se insiste en que la startup está avanzando en la dirección correcta.

Smartick nació en 2009 por el impulso de dos emprendedores andaluces, Javier Arroyo Crejo y Daniel González de Vega. Inicialmente, se trataba de un proyecto pedagógico que no eclosionó comercialmente hasta 2011, lo que pone de manifiesto la notable preparación previa de la que ha sido objeto. Sus estrategias didácticas son accesibles desde la red y están orientadas a niños y jóvenes de entre 4 y 14 años. Por el tipo de problemas formulados, Smartick promueve la reflexión y el análisis de los alumnos.

El principal puntal de la startup es su adaptación a cualquier nivel de aprendizaje. El programa evalúa en todo momento los conocimientos del usuario para ofrecerle un plan de trabajo completamente ajustado a él. Tampoco hay un ritmo homogéneo para todos los alumnos, puesto que la superación de etapas también se planifica en base al punto de partida. Por último, aboga por sesiones de estudio/aprendizaje cortas pero frecuentes. Unos quince minutos al día bastan si se hace de manera regular.

Vía: TodoStartups.

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