Los inversores exigen mayor protección legal frente a los posibles fraudes financieros

Para Dow Kim, el año 2006 resultó ser el mejor de su vida. Aunque su sueldo oficial en Merrill Lynch era de apenas 250.000 euros, en total a causa de las primas se llevó una cantidad cien veces más grande, unos 25 millones de euros.

Para Dow Kim, el año 2006 resultó ser el mejor de su vida. Aunque su sueldo oficial en Merrill Lynch era de apenas 250.000 euros, en total a causa de las primas se llevó una cantidad cien veces más grande, unos 25 millones de euros.

La diferencia entre las dos cantidades ingresadas es que una es el sueldo, y la otra, las primas. Unas generosas recompensas ingresadas por el excelente rendimiento que el gigante financiero obtuvo a causa de la gestión hipotecaria de Kim.

El caso del señor Kim no es una excepción, y no sólamente cobran a su nivel, muchos además se embolsan grandes salarios. Concretamente, el mismo banco para el que trabajaba Dow Kim, Merrill Lynch, distribuyó en bonos entre 2,5 y 3 millones de euros durante el año 2006. Por ejemplo, un analista que tuviera por aquellas fechas un salario de unos 65.000 euros, pudo llegar a embolsarse unos 180.000 euros en primas.

Sin embargo, los históricos beneficios presentados por Merrill Lynch ese mismo año que ascendían a unos cinco millones y medio de euros, resultaron ser un espejismo. La compañía en realidad había acumulado el triple de esa suma en pérdidas, debido en gran medida a las inversiones en hipotecas subprime, precisamente las mismas en las que se basaron para calcular y presentar a los medios sus espectaculares beneficios.

Pese a que los beneficios que obtuvo el gigante financiero cayeron en picado, no fue así sin embargo con las primas que recibieron los altos cargos, que muy al contrario, ascendieron año tras año y parecían no alcanzar techo.


Durante las últimas semanas en las que los reguladores y los accionistas comienzan a destapar en conjunto tramas de fraude financiero a gran escala y operaciones arriesgadas que pudieron provocar aún un caos mucho mayor en todas las bolsas de valores a nivel mundial, saltan a la palestra numerosas cuestiones a las que los expertos deberán de hacer frente durante los próximos meses, y también los legisladores.

Por ejemplo, una de las que más preocupan tanto a investigadores como a inversores es qué papel desempeñaban las primas tan sumamente altas en el cataclismo financiero. Muchas de esas primas han sido incluso pagadas con el dinero de los contribuyentes, cuando los gobiernos otorgaron ayuda a determinados bancos para que pudieran reflotarse, o incluso cuando nacionalizaron determinadas entidades financieras, los mismos individuos que fueron los responsables de hacer caer todo el sistema financiero internacional, recibieron indemnizaciones multimillonarias y se marcharon sin rendir ninguna cuenta de sus bancos y empresas.

Por ese motivo numerosas entidades financieras de todo el mundo han querido anunciar a los medios durante las últimas semanas que las primas para 2008 han llegado a ser en total de aproximadamente poco menos de la mitad que hace un año.

Los analistas más críticos arremeten durante estos días contra esas mismas entidades denunciando que las primas que otorgaron nunca debieron de ser tan altas, en primer lugar, porque se basaban en una serie de ingresos de carácter efímero. Sostienen que el sistema en que se regía Wall Street de una estructura salaria basada en primas que siempre se entregan a partir de rendimientos y beneficios a corto plazo, ha ido alentando entre los empleados a actuar en los mercados como clientes de casino, con la diferencia de que ellos sabían que si la partida salía mal, se llevarían de todas formas el dinero, mientras que el sistema seguiría rumbo hacia el colapso.

Las indemnizaciones se basaron en rendimientos viciados por completo, de manera que se pagaba a los empleados con primas que de ninguna manera eran equivalentes al rendimiento que habían obtenido para el bienestar de la empresa a posterior, de esa manera, al final todos los empleados optaron por responder a estímulos que incentivaban beneficios distorsionados.

Incluso algunos de los responsables de las quiebras de entidades financieras de más renombre reconocieron que se dejaron llevar por la ambición de ganar más dinero. Con el objetivo de aumentar aún más las primas, muchos altos cargos pasaron a ignorar los riesgos en los que estaban comenzando a sumergirse, ya que tenían en mente el aumento de primas a final de año. Tampoco sus superiores se molestaron en pararles los pies, ya que eran los mayores interesados en conseguir más primas.

A finales de 2008, cuatro ejecutivos de los más importantes en el panorama de las empresas financieras anunciaron que renunciarían a sus pagas para ese año, considerando que la situación así lo exigía. Entre ellos se encuentra John A. Thain, responsable de la quiebra de Merrill Lynch, que ya se aseguró su futuro. En el caso de que el Bank of America quiera despedir al señor Thain o a cualquiera de sus consejeros elegidos personalmente, recibirá una compensación económica de 145 millones de euros por despido.

Mientras, en Suiza, bastión del secreto bancario, cuatro ex ejecutivos responsables de la caída de UBS se han ofrecido a devolver algunas de las primas que percibieron antes de la crisis financiera mundial. Sin embargo, muy pocos analistas confien en que este tipo de propuestas lleguen de entre los habituales de Wall Street.

Por su parte, la mayoría de las entidades financieras están comenzando a aplicar diferentes políticas en el pago de indemnizaciones de las que hasta ahora se han ido observando. Por ejemplo, UBS está otorgando primas todavía, pero en el caso de que las mismas se otorguen a partir de beneficios ilusorios, se despedirá a los empleados que realicen ese tipo de trabajo especulativo y de carácter efímero. Con este tipo de políticas, a las que todos los bancos habían renunciado durante los últimos años, se puede esperar el recuperar cientos de millones de euros en indemnizaciones pagadas sobre todo en 2006 (el año del boom de las hipotecas basura o subprime) a los empleados de todos los niveles, incluso los altos ejecutivos que todavía siguen en sus bancos.

Durante los últimos años, los empleados de finanzas habían vivido una auténtica Edad de Oro. Los sueldos apenas les importaban, ya que sabían que siempre iban a conseguir importantísimas primas a finales de año, muy superiores a sus salarios reales. Cada año los empleados de todo tipo y condición celebraban fiestas para gastar parte del dinero de las primas que habían obtenido, esto se había convertido ya en una auténtica tradición sobre todo en el área de Nueva York, en donde uno de cada cuatro dólares que se pagaron en salarios y primas durante el año 2007 correspondían a empleados de la industria financiera.

La bonanza era tal que todo la gente quería dedicarse a una profesión relacionada con las finanzas. Los graduados de todas las mejores universidades del mundo quisieron también entrar a formar parte del juego, en lugar de dedicarse a la ingeniería, la enseñanza u otras profesiones que habían estudiado. Incluso comenzaron a verse entre ellos como futuros ricos, pues se hizo habitual ver en los medios de comunicación recién licenciados que en sus primeros dos o tres años de trabajo en valores ya eran millonarios.

Todo ello era una inmensa burbuja que tenía que explotar de un momento a otro, y así fue. Por eso durante las últimas semanas los expertos en finanzas advierten a los medios y gobiernos que es necesaria una mayor regulación en los mercados – siempre sin llegar al intervencionismo -, ya que situaciones de libertad absoluta promueven conductas moralmente reprobables que llevan al colapso de todos los sectores del mercado, como ha sucedido con esta crisis.

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