Los motivos por los que no cumplimos nuestros objetivos de año nuevo

Si queremos no volver a fallar con los desafíos que nos proponemos en año nuevo quizá queramos aplicar alguna de estas recomendaciones.

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Llega un nuevo año y todos nos encontramos planteándonos nuevos objetivos. Lo hacemos porque el comenzar un nuevo ejercicio anual nos llena de energía y de ganas de ir más allá y de ser mejores. Pero en muchas de las ocasiones no llegamos a cumplir estos objetivos, y el fallar es algo que nos acaba pasando factura antes o después. O quizá cumplamos el objetivo, pero perdamos el camino recorrido poco después porque bajemos la guardia con algo y nos encontremos con que hemos retrocedido al punto en el que estábamos antes de comenzar el nuevo año. ¿Por qué nos pasa esto?

Establecemos objetivos imposibles

Este es el primer fallo y algo que todos cometemos en alguna ocasión u otra. Nos planteamos metas que van más allá de lo imposible. Intentamos apuntar demasiado alto y luego fallamos porque «nos hemos pasado». Siempre se nos ha animado a llegar más lejos, a ser mejores y a conseguir lo inalcanzable. Pero en este sentido concreto vamos a intentar tener que establecer unos objetivos un poco creíbles, porque de otra manera siempre vamos a fallar y a encadenar fallos y fallos que harán que nuestra moral se reduzca muchísimo. Por ejemplo, no digamos «este próximo año voy a ser millonario», porque se trata de algo que quizá pueda pasar, pero que difícilmente ocurrirá de la noche a la mañana. O no digamos «voy a ser jugador de fútbol profesional», porque si ahora mismo tenemos un trabajo que ni siquiera está relacionado con el deporte, tampoco lo vamos a cumplir. Ese tipo de objetivos ficticios nos harán tener mucho optimismo el primer día, pero en cuanto nuestro cerebro razone y vea que es algo imposible, nos «dará el bajón».

Y si nos da el bajón no es que no vayamos a cumplir esos objetivos de fantasía, sino que además ocurrirá todo lo contrario: nuestros ánimos quedarán por los suelos y conseguiremos más bien poco a partir de ese momento hasta que recuperemos la compostura.

Elegimos objetivos que no están delimitados

Otro de los grandes errores. En este caso lo que ocurre es que nos planteamos objetivos que son conseguibles, pero que no están bien definidos porque no han sido delimitados. Son retos y desafíos que los dejamos en el aire libremente a la interpretación y la ambigüedad. Lo que va a ocurrir es que no tendremos ninguna forma de saber si estamos progresando, si nos acercamos al objetivo o incluso si lo conseguimos o no. O es posible que logremos el objetivo en el segundo día del año y que ya nos demos por satisfechos, que nos relajemos y que no lleguemos a nada determinante.

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Pongamos, por ejemplo, que sabemos que tenemos que beber más agua porque estamos todo el día con los refrescos y tenemos claro que eso no es sano. Lo que hacemos es definir el objetivo «este año tengo que beber más agua». Pero al hacerlo no estamos especificando, así que estamos condenados al fracaso. ¿Cuánto es beber más agua? ¿cómo sabemos que estamos bebiendo más agua? Somos conscientes de que en un momento u otro nos vamos a olvidar de este desafío y que antes o después volveremos a las andadas. Por ello es más fácil decir «este año voy a beber tres vasos de agua al día» y mantenernos firmes en ese objetivo. O quizá digamos «este año voy a ir al gimnasio» cuando volvemos a dejarlo en la ambigüedad, peor que si dijéramos «este año iré al gimnasio un día a la semana».

Cuanto más especifiquemos en nuestros objetivos más posibilidades tendremos de cumplirlos al contar con un esquema que seguir como forma operacional de llevar a cabo nuestro plan.

Intentamos conseguir nuestra meta de inmediato

Los cambios no se producen de la noche a la mañana. No somos Superman, no vamos a empezar a correr 10 kilómetros al día si hasta ahora no hemos corrido ni uno. Esto es algo que vamos a conseguir, que podemos lograr, pero siempre con una perspectiva de progresión. Es decir, que tenemos que plantearnos que lograr nuestra meta es una carrera de fondo en la cual hay que aguantar todo lo que podamos hasta llegar al objetivo. Muchas personas intentan haber cumplido su objetivo en la primera semana del año y eso se acaba convirtiendo en un problema gravísimo que no pueden superar. Primero, porque es difícil llegar tan lejos en pocos días. Y segundo, porque aunque lleguemos, vamos a notar un efecto rebote tan grande que acabaremos peor de lo que estábamos al comenzar.

No tener mentalidad positiva

Hagamos lo que hagamos, nos pongamos el reto que nos pongamos, no hay que olvidarse nunca de tener una mente positiva. Si miramos hacia el futuro con optimismo, pensando que podemos lograr todo lo que queramos y que nuestro objetivo es real, al final con tesón lo conseguiremos. Si desde el primer día nos dejamos llevar por el pesimismo y pensamos que no vamos a lograrlo, será mucho más complicado que alcancemos nuestras metas.

Foto: congerdesigncomposita

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