Consejos para iniciar el año cambiando nuestros malos hábitos

Os damos algunas ideas que os ayudarán a superar esos malos hábitos profesionales que habéis intentado dejar atrás.

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¿Somos conscientes de los malos hábitos que tenemos como personas? Todos tenemos algún mal hábito, la diferencia se encuentra entre unos y otros en cómo de cómodos nos encontramos con ellos. Porque puede haber hábitos que nos hagan sentir remordimiento, vergüenza y otras emociones negativas, mientras que con otros nos podemos llegar a sentir a gusto en la medida de lo posible. En cualquier caso, los malos hábitos suele ser algo que nos importen más o menos, nos queremos quitar de encima para sentirnos mejor con nosotros mismos. Y el inicio de año es la mejor ocasión para que llevemos a cabo el intento de conseguirlo.

El mal hábito que más personas intentan solucionar de sus vidas cuando comienza el año es el del tabaco. Todos nos intentamos quitar el tabaco de encima porque sabemos que no es un hábito nada saludable y que nos afecta a muchos niveles. Pero no es precisamente sencillo. En lo profesional encontramos muchos malos hábitos que también arrastramos durante mucho tiempo y que si bien intentamos quitarnos y solucionar, tampoco lo conseguimos. Por ello ahora que justo acabamos de comenzar el año, es un buen momento para repasar algunos consejos que nos podrían ayudar a llegar a lograr nuestros objetivos.

Se dice que el 80% de las personas que comienzan el año marcándose una meta la han abandonado una vez ha llegado el mes de febrero. Pero aunque ese porcentaje asusta, lo que debemos tener en cuenta que es que al mismo tiempo hay un 20% de personas que han conseguido sus metas. Y nosotros nos podemos encontrar dentro de ese 20% para sentirnos felices por el trabajo y esfuerzo que hemos hecho.

Lo que tenemos que tener en cuenta antes de comenzar nuestro plan para conseguir eliminar ese mal hábito de nuestro día a día es que hay que contar con dos factores clave: perseverencia y planificación. Por supuesto, como mencionaremos después, un poco de apoyo externo siempre es bienvenido.

La perseverancia es necesaria porque en todo momento vamos a ser nosotros los que defendamos nuestra persona en relación a ese mal hábito. Siempre vamos a ser los primeros en la línea de defensa, y también los primeros en la línea de ataque. Nos comprometemos a conseguir algo y tenemos que continuar luchando día tras día hasta que lo hayamos logrado de forma definitiva. E incluso entonces, cuando pensemos que todo el trabajo está hecho, deberemos dejar un pequeño espacio que utilizaremos como forma de reafirmarnos en aquello que hemos conseguido con tanto esfuerzo, sudor y tesón. Perseverar significa no tirar la toalla, seguir adelante aunque la situación parezca complicada y superarnos a nosotros mismos día tras día.

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Para perseverar, eso sí, necesitamos planificación. Normalmente todas las metas que nos planteamos superar de la noche a la mañana terminan cayendo en saco roto. No podemos decir de un día para otro que vamos a dejar de enviar correos electrónicos a las tres de la madrugada si tenemos ese hábito de toda la vida, porque seguramente no vamos a conseguir perseverar en ello aunque lo hagamos al principio durante dos o tres días consecutivos. Antes de comenzar con la idea de cambiar o abandonar ese mal hábito tendremos que pensar en todo lo que supone el cambio, en cómo vamos a hacer el salto a nuestro nuevo «yo» y en qué necesitamos para que el resultado que obtengamos sea suficientemente satisfactorio. Esto se perfila con una planificación que no podemos creer que va a llegar simplemente en un día. Hay que pensar exactamente en todo aquello que pueda llegar a tener un papel determinante y cubrir todos los aspectos para que al final el resultado que obtengamos sea satisfactorio.

¿Y qué ocurre si por un motivo u otro hemos fallado? ¿y si acabamos en ese 80% en vez de dentro del otro 20% del que hablábamos? En ese caso lo que tenemos que hacer es aprender de los errores. Saber qué es lo que hemos hecho mal nos puede ayudar para intentarlo de nuevo con fuerzas renovadas. No hay un límite de intentos. Solo nos tenemos que dar cuentas a nosotros mismos y eso significa que siempre nos podemos dar otra oportunidad para intentar librarnos de ese mal hábito que nos persigue. Lo que resulta importante es ser conscientes de que aunque fallemos en una ocasión, aunque alguna vez hayamos visto cómo se torcía nuestro intento por cumplir el objetivo que nos habíamos marcado, no por ello debemos dejar de intentarlo. Siempre hay otra oportunidad esperando para nosotros y nuevas opciones para que intentemos conseguir aquello que estamos deseando lograr.

Además, como decíamos, es bueno que nos apoyemos un poco en otras personas de confianza para que sepan qué es lo que estamos intentando hacer y que nos puedan empujar para recolocarnos cuando demos síntomas de que nos vamos a salir del buen camino. Eso es algo que nunca le costará hacer a quienes nos apoyan y aprecian y que para nosotros resulta de lo más determinante y positivo.

Foto: Free-PhotosTeroVesalainen

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