Los problemas se acumulan en General Motors

Los directivos de la compañía se han saltado sistemáticamente las restricciones salarias impuestas tras la quiebra de 2009 y el posterior rescate público.

general motors

La historia de General Motors Corporation parecía una sucesión ininterrumpida de éxitos hasta que en 2009 la crisis se cobraba su segunda gran víctima tras Lehman Brothers. La quiebra de este gigantesco holding automovilístico no puso sin embargo punto final a la compañía, que acometió una dura reestructuración y se rebautizó como General Motors Company. A pesar de haber conseguido levantar el vuelo en los últimos años, el buque insignia de la también quebrada Detroit sigue siendo objeto de polémica.

En virtud del acuerdo alcanzado con el Gobierno Federal para prestar una generosa ayuda económica con la que salvar el negocio de General Motors, los directivos de la firma no podían percibir salarios anuales superiores a los 500.000 euros. La cláusula, que se mantendrá vigente hasta que la compañía devuelva todas las ayudas recibidas, se aplicó indistintamente a todas las grandes corporaciones que fueron rescatadas en el marco del plan TARP (Programa de Alivio de Activos Problemáticos, por sus siglas en inglés). Según los supervisores del programa, dicha restricción parece no haberse cumplido.

La última inspección llevada a cabo por el TARP apunta a que dieciséis altos cargos de General Motors percibieron una media de tres millones de euros durante el ejercicio 2013, seis veces más que el máximo fijado por la Administración. En cualquier caso, la revelación no pilla por sorpresa a algunos analistas estadounidenses, que llevan tiempo alertando de que el control sobre las empresas rescatas se ha relajado excesivamente. El propio informe al que nos estamos refiriendo detecta un aumento medio de los salarios del 28% desde 2009.

La noticia llega en un momento en el que General Motors también está siendo criticada por haber postergado durante una década la revisión de varias líneas de vehículos defectuosos. El número total de unidades afectadas, superior a los diez millones según ha reconocido la compañía, apunta a que la firma podría haber ocultado deliberadamente este problema durante la comercialización. Sea como sea, la imagen pública de General Motors vuelve a sufrir un duro revés cinco años después de la quiebra.

Vía: elEconomista.

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