La lucha contra el SIDA con los recortes en sanidad

El SIDA es una de las enfermedades más graves de nuestro mundo, ya que todavía no tiene cura. Se tiende a asociar con los países pobres y África, donde los casos de infectados son muchos y es una enfermedad que realmente tiene consecuencias muy negativas sobre la población. Ahora bien, sus efectos también llegan a Occidente. En 2011, en España se diagnosticaron 2.336 nuevos casos. Según el Ministerio de Salud, hay 125.000 portadores del virus VIH en nuestro país, de los cuales 6.300 han desarrollado la enfermedad, y la tasa de mortalidad es del 53%.

SIDA

El lazo rojo para combatir el SIDA

En primer lugar, hay que distinguir lo que es el SIDA del virus VIH. Una persona puede estar infectada por el virus, pero no sufre ningún síntoma ni tiene signos externos que hagan sospechar que esté contagiada. Sin embargo, el virus se encuentra dentro del organismo y aunque no actúe, no es bueno. Cuando empieza a multiplicarse y destruir las demás células del sistema inmunológico, entonces sí que podemos decir que se desarrolla la enfermedad del SIDA. La persona enferma es más vulnerable a infecciones, cánceres o alteraciones neurológicas. La única forma, hasta el momento, de frenar el efecto destructivo del virus, es mediante los antirretrovirales.

Sin este medicamento, muchas personas enfermas pondrán en riesgo su vida, ya que tendrán más posibilidades de morir. Sin embargo, en los últimos presupuestos aprobados por el Gobierno, se eliminan las partidas del Plan Nacional sobre el SIDA y se recortan al mínimo las subvenciones para las organizaciones de afectados y prevención de esta enfermedad. Quizás haya muchas personas que no sean capaces de ver la gravedad del asunto, pero con el copago sanitario y la limitación de acceder a la sanidad pública, no solo los enfermos serán más vulnerables, sino la sociedad en general, ante un peligro de contagio más alto.

Los antirretrovirales cuestan 850€ al mes aproximadamente, un precio que no pueden cubrir los pacientes. De modo que los presupuestos generales del Estado deberían contemplar este gasto no solo por lo necesario que es para los enfermos, sino también por la importancia social que tienen. Una sociedad justa no debería exponer a la muerte a tantos ciudadanos. Por ello, hay que eliminar los prejuicios del SIDA (que es solo de homosexuales, prostitutas y gente irresponsable), y dar valor a la educación y la prevención como método eficaz para poder proteger a las futuras generaciones de los efectos del VIH.

Muchas organizaciones y ONGs han salido a la calle para exponer su preocupación ante los recortes en sanidad. Está por ejemplo Seisida, la Sociedad Española Interdisciplinaria del SIDA, que ha manifestado que estas medidas pueden suponer un retroceso de 30 años de lucha contra la enfermedad. O también está el Comité 1 Diciembre, que engloba 25 asociaciones catalanas de lucha contra el SIDA, que han pedido a Artur Mas, presidente de la Generalitat, que “no dé la espalda” a las políticas de prevención.

El VIH no es uno de los problemas sanitarios más frecuentes de nuestro país, pero sí que es uno de los más graves y por ello requiere la atención de ciudadanos, organizaciones y clases políticas. Desde que apareció la enfermedad en los años 80, todavía no se ha encontrado ninguna cura definitiva, aunque de vez en cuando aparecen nuevos resultados fruto de la investigación para dar luz a una futura vacuna. De momento, la prevención y la información son las armas más útiles para combatir el SIDA.

Foto: Alex Papillon en Flickr

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