El consumo colaborativo

El consumo colaborativo es una nueva práctica en auge que pone en cuestión la propiedad de los recursos y los productos. Es una nueva forma de poder consumir responsablemente lo que se necesita pero también de ahorrar. Internet, en cierto modo, ha puesto en manifiesto la poca utilidad del consumismo. Hoy día se valora tanto lo intengible como lo material. Por ejemplo, con plataformas como Spotify, los ciudadanos se han podido dar cuenta de que, realmente, lo que se espera de un CD es la música que está grabada en sí, el contenido, no el disco físico.

Bicing

El Bicing es una de las formas más representativas del consumo colaborativo

La crisis económica ha provocado que se produzca un cambio a la hora de contemplar los objetos y productos, se empiezan a valorar más las cosas. Consiste en compartir las cosas, algo que muchos críticos dicen que ya ha existido desde siempre, lo único que Internet lo ha potenciado más y el hecho de compartir, dejar o alquilar llega a escala mundial. Pero va más allá del trueque, consiste en una filosofía o un estilo de vida que, antes de adquirir un producto, se piensa en la utilidad real que puede tener, de modo que se acabe amortizando el coste inicial.

Hay muchas formas de practicar el consumo colaborativo, como por ejemplo el Bicing, que permite pagar entre todos el coste de la bicicleta a cambio de poder utilizarla siempre que se necesite. Esto también podría producirse con los coches, por ejemplo, para así romper con el modelo actual de propiedad privada. Muchas personas podrían adquirir un nuevo vehículo y usarlo cuando realmente lo necesiten.

También está el mercado de redistribución, que consiste en poder vender, prestar o incluso regalar, aquellos productos que ya no se necesitan. En casa podemos llegar a tener más de 3.000 o 4.000 objetos y muchos acaban por no utilizarse, de modo que el cederlos a los demás es la única forma de que se usen. Redistribuir no es solo ser solidario con aquellas personas que más lo necesitan, sino también inteligente a la hora de ahorrar con las cosas innecesarias y darles el uso que se merecen.

Y con todo esto se permite llevar un estilo de vida colaborativo, que consiste en estar dispuesto a prestar todo, no solo productos, sino incluso servicios. De ese modo, se pueden prestar plazas de parking, los asientos del coche libre, libros o incluso camas y sofás de casa para los viajeros. Por ejemplo, hay que pensar que a la hora de comprar un coche, no solo se está pagando por el vehículo, sino por el servicio de transporte. De modo que, si para ir al trabajo cada día va el coche vacío, hay dinero que se está perdiendo y no se está amortizando, ya que hay sillas que podrían llenarse y personas que podrían disfrutar del viaje.

El consumo colaborativo es un estilo de vida que no solo sirve para sacar lo mejor de la sociedad, para poner en manifiesto la colaboración de los ciudadanos, sino que también produce una reducción del impacto medioambiental, es una forma de reciclar, de evitar el derroche y de comprar solo lo justo y necesario para sobrevivir y cumplir las necesidades más básicas. El consumo actual no lleva a ninguna parte, ya que se compran cosas que son mayoritariamente innecesarias o se utilizan pocas veces. Lo bueno de esta iniciativa es poder dar utilidad a todo, no malgastar y procurar que todo el mundo tenga acceso y cubra sus necesidades más fundamentales.

Foto: nnSet en Flickr

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