Martinsa: la caída de un gigante paso a paso

Los principales acreedores rechazan la última propuesta del consejo de administración y precipitan la liquidación de la que llegó a ser una de las mayores constructoras europeas.

martinsa

Este lunes se aprobará muy probablemente la liquidación de Martinsa-Fadesa, una de las compañías más representativas del conocido popularmente como ‘pelotazo’ urbanístico español. No en vano, durante los años previos al crac de 2008, la gigantesca constructora se convirtió también en una de las promotoras inmobiliarias más activas del país (que no es decir poco) y su tamaño la llevó a ser la líder natural in pectore del G-14 (el grupo de las principales empresas españolas del sector de la construcción. Ahora que su trayectoria vital parece tocar a su fin, es momento de analizar su compleja existencia.

Martinsa nació en 1991 por iniciativa del que entonces se presentaba como uno de los empresarios con más proyección de España, Fernando Martín Álvarez, personaje que era además conocido por sus inquietudes políticas (había ocupado cargos orgánicos en la sección vallisoletana de la Unión de Centro Democrático). Poco después, Martín formaría un tándem con Florentino Pérez para disputar la presidencia del Real Madrid en 1995, que volvería a recaer en Ramón Mendoza. Casi al mismo tiempo que su empresa se iba consolidando, el inquieto empresario llegaría a entrar en el consejo de administración de grupos como Sacyr Vallerhemoso.

En la primera década del s. XXI, Martinsa era un grupo consolidado y con un sólido negocio constructor avalado por las buenas relaciones de su presidente con los grandes bancos del país, que financiaban sus crecientes operaciones sin exigir apenas garantías. En 2007, Fernando Martín dejó temblando al sector constructor español cuando anunció la presentación de una OPA sobre Fadesa. Cuando la compra se materializó con el desembolso de algo más de cuatro mil millones de euros, la compañía resultante era una de las mayores de Europa en su sector. Martinsa-Fadesa parecía tener el viento a su favor.

Con una rapidez que sigue sorprendiendo a día de hoy, el gigante del ladrillo se vino abajo en apenas unos cuantos meses. En julio de 2008, esto es, diecisiete meses después de la adquisición de Fadesa, la empresa se declaraba en suspensión de pagos y anunciaba la convocatoria del concurso de acreedores. Tras rozar el cielo con la OPA del año anterior, Martinsa-Fadesa protagonizaba la que sigue siendo la mayor declaración de quiebra corporativa de la historia de España. No en vano, la deuda acumulada superaba los siete mil millones de euros y salpicaba a prácticamente toda la banca nacional.

El desglose de la deuda financiera de la constructora resultaba demoledor: Caja Madrid (1000 millones de euros), La Caixa (700), Banco Popular (400), Caixa Galicia (314), Caixa Catalunya (300), Bancaja (230), BBVA (225), Banco Santander (175), Caja de Ahorros del Mediterráneo (150), Unicaja (100) e Ibercaja (100). Con la reestructuración del sistema bancario, los principales acreedores de Martinsa en la actualidad son la Sareb, CaixaBank y Banco Popular. Precisamente, a ellos iba dirigido el último intento de los administradores del grupo para evitar la liquidación.

En los años que siguieron a la suspensión de pagos el negocio de la compañía no repuntó, más bien todo lo contrario. A pesar de la amortización de parte de la deuda y de la venta de activos, el pasivo de Martinsa-Fadesa sigue siendo notable a día de hoy: 6985 millones de euros. Dicho de otro modo, la firma no ha mejorado ni un ápice si situación financiera desde 2008. En 2013 sin ir más lejos la constructora registró pérdidas por valor de 652 millones de euros. Su destino parecía evidente.

Durante el largo ‘via-crucis’ de la firma, el único momento mínimamente positivo se vivió en 2011 cuando se consiguió abandonar la situación concursal. Lamentablemente, el recrudecimiento de la crisis económica y su intenso impacto en el sector inmobiliario imposibilitó que Martinsa cumpliera con la mayoría de sus obligaciones de pago. La última jugada de Fernando Martín pasaba por renegociar el calendario de pagos, poniendo como aval ‘virtual’ a la hipotética indemnización que recibiría la compañía si gana los pleitos en los que está presente.

No obstante, los bancos más implicados acordaron precipitar la liquidación de la empresa al considerar inviables sus planes de negocio. Según parece, Martín había previsto unos niveles de facturación en los próximos años que resultan difícilmente creíbles. Además, el empresario vallisoletano pretendía saldar el 95% de las deudas con el 60% de los activos de la compañía, unos activos que presentan escaso atractivo para los acreedores. Ahora, falta conocer cómo se concretará el proceso de liquidación del esqueleto de un gigante.

Vía: Cinco Días

Foto: bykst

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