La solución está en la liquidez

Los bancos centrales realizan una acción coordinada para dotar de liquidez a los mercados. La medida hace subir las bolsas y modera la prima de riesgo, pero la acción no será suficiente para reactivar el crédito.

La acción coordinada de los bancos centrales del mundo hace rebrotar la confianza y echa combustible a unos mercados sumidos en un permanente desánimo. De repente, la prima de riesgo deja de ser arriesgada, los números verdes vuelven a los parqués y el dinero vuelve a fluir, aunque sea en los volúmenes de compra de las bolsas de todo el mundo. Incluso Alemania se financia a un interés negativo, lo que significa que los acreedores tienen que pagar por la tenencia de deuda germana. Y en esta insólita vorágine los mercados vuelven a comprar títulos, como el primer día de colegio, como si no hubiera pasado nada.

Y el ciudadano de a pié se pregunta, ¿qué ha pasado? Pasa que de repente los bancos centrales, emisores de deuda y liquidez, caen en la cuenta que lo que hacía falta era abrir el grifo, con lo que han acordado tirar de la cuerda a través de un mecanismo llamado swap, consistente en un préstamo materializado en el intercambio de activos, más que en la deuda de intereses. Así, los bancos centrales de ambos lados del Atlántico intercambian divisas a precio tasado, lo cual les sirve para inyectar liquidez en moneda extranjera. Además, han decidido de manera coordinada reducir el tipo de interés de las operaciones de intercambio de liquidez en dólares, con lo que los préstamos se han abaratado.

Sede de la FED en San Francisco

La medida ha caído como agua de mayo en los mercados, que han empezado a abandonar la retahíla de números rojos que cosechaban desde hace más de un mes, y la prima de riesgo ha experimentado un descenso moderado, inyectando algo de aire con el que han podido respirar holgadamente los países periféricos, entre ellos España e Italia. El efecto contagio se ha visto reflejado a uno y otro lado del charco, donde los indicadores de volumen de negociado han recuperado el fuelle.

Sin embargo, nada hace pensar que la situación vaya a perpetuarse a corto y medio plazo. Por lo pronto, los bancos han visto aliviada su situación de ahogo financiero, ocasión que han aprovechado para apagar los fuegos de sus cuentas de resultados, especialmente las entidades españolas, que rezuman a ladrillo por todas partes. Pero esto no servirá para abrir el grifo del crédito, al menos no hasta que los bancos no saneen sus activos, y eso significa más dinero, sea del estado o del Banco Central Europeo, y menos apalancamiento financiero, algo hasta ahora harto probable, teniendo en cuenta las elevadas tasas de endeudamiento privado y morosidad que acarrean las entidades financieras. Así es que a mirar al BCE, y a esperar a que llueva, y es que siempre nos quedará Draghi.

Foto: BrokenSphere en Wikimedia Commons

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