La ciencia en los botones placebo que tocamos, pero que realmente no funcionan

El mundo tiene repartidos por sus calles y edificios botones que los ciudadanos pulsamos, pero que no tienen ninguna utilidad.

Semáforo

¿Y si los botones que encontramos por las calles realmente no funcionan? ¿y si son un placebo? ¿y si la sociedad simplemente está recibiendo una inyección de satisfacción virtual a través de la realización de pequeñas acciones? El cerebro es complejo, pero todavía lo es más la manera de afrontar cómo mantener a las personas activas y satisfechas en cuanto a la interacción que tienen con el mundo que les rodea. Se trata de algo de lo que se ocupan expertos, profesionales versados en el conocimiento humano y en el comportamiento de las personas, aquellos que están en la sombra y que «saben» más de lo que sabe el ciudadano medio. Hay mucho más allá de lo que podamos entender como real y normal, y hay negocios que se dedican a ello en colaboración con los gobiernos.

La existencia de los botones placebo solo es una pequeña demostración de cómo realmente no conocemos ni entendemos tanto del mundo que nos rodea como podamos pensar. ¿Acaso alguna vez nos hemos imaginado que el botón de cerrar las puertas de un ascensor desde dentro realmente no funciona? ¿lo pulsamos y las puertas se cierran? quizá es porque esto iba a pasar lo tocásemos o no. ¿Tardan unos segundos en cerrarse aunque hayamos tocado el botón? en realidad es el mismo tiempo que si no lo hubiéramos pulsado.

El mundo nos sorprende a diario porque nos demuestra cómo somos testigos de un entorno, un escenario mucho más amplio de lo que podríamos imaginar. Se juega con nuestra mente y con nuestra cabeza para mantenernos satisfechos y darnos alicientes que hagan que tengamos una vida más equilibrada. ¿Pero hasta dónde es necesario en realidad? ¿y realmente por qué esos botones no funcionan cuando deberían hacerlo?

El artículo del periodista Jacopo Prisco para CNN nos ha abierto los ojos de una manera totalmente anti-ilusoria. Es como si de repente hubiéramos despertado de un largo sueño que seguro que ha sido protagonista de más de una discusión, dado que es frecuente enfrentarse con alguien que ya haya tenido la idea de que tocar esos botones «no sirve para nada». «Loco» pensamos, pero en realidad esos individuos que ya se han percatado de eso, aunque sea de manera involuntaria, tienen mucha razón. No estamos dentro de Matrix, pero nos tratan como si lo estuviéramos.

Quien más tiene que decir sobre el efecto de los botones placebo es la psicóloga Ellen Langer, que desde la Universidad Harvard ha sido pionera en la manifestación de la ilusión del control. Comenta la especialista que los botones placebo tienen un efecto psicológico en quienes interactúan con ellos. La importancia de su existencia es que proporciona a los individuos una sensación de control sobre la situación que les hace sentir bien. Incide en que a todo el mundo le gusta sentirse bien y tener el control en vez de ser un mero espectador pasivo de un mundo creado a su alrededor. «Hacer algo típicamente te hace sentir mejor que no hacer nada». Así de simple.

neuronas

Uno de los botones más comunes en todo el mundo es el que hay en los pasos de peatones que indica «pulse para pasar». La idea es que si pulsas el botón generas la necesidad de que el semáforo se ponga en verde para poder cruzar. Cuando lo tocamos pensamos «es necesario para pasar». Algunas veces nos olvidamos de pulsarlo, porque no es algo común, y el semáforo se pone en verde igual. Pensamos «alguien lo habrá tocado antes». Posiblemente no haya nadie más esperando en el paso, ¿entonces? Entonces no hay mucho más que plantearse: el semáforo se habría puesto en verde de la misma manera que si hubiéramos o no hubiéramos tocado el botón. No siempre es el caso, porque algunos botones funcionan a fin de mantener el debate y la ilusión activa. En la ciudad de Nueva York hay 1000 botones de «pulsar para pasar» y solo funcionan realmente 100 de ellos. Eso sí, la medida se ha ido implementando poco a poco, desactivando cada vez más botones año tras año con la intención de que la creación de esta ilusión sea más consistente y real.

En algunos casos los botones de los pasos de peatón han dejado de funcionar porque ya no son útiles en el contexto de exceso de tráfico actual o porque la tecnología ha quedado desfasada y era más barato dejar el botón puesto que quitarlo. En otros lugares los botones siguen activos porque ayudan a personas con ciertas discapacidades a poder identificar los pasos de peatón con mayor facilidad o porque incluyen claves auditivas.

Los botones de los ascensores que se usan para cerrar la puerta tampoco funcionan en Estados Unidos, en este caso en su totalidad, y tenemos sospechas de que tampoco son tan útiles en otros países. En España, por ejemplo, los botones reaccionan, pero la velocidad es tan reducida que sospechamos que no tenemos tanto papel como nos gustaría en conseguir que las puertas se cierren antes. En Estados Unidos estos botones se desconectaron en su momento para cumplir con las leyes que apoyan que las personas con problemas de movilidad no se encuentren en situaciones peligrosas al intentar entrar o salir de los ascensores.

semáforo

Se habla también de otro tipo de botones placebo, como el que se utiliza para regular el termostato de los sistemas de calefacción y temperatura. No es algo frecuente en todos los casos, pero sí ocurre en determinados lugares. En estos casos el botón placebo hace sentir a la persona que lo toca que tiene control sobre la temperatura que está modificando y el poder de la mente es tal que este individuo puede llegar a sentir más frío o más calor pocos minutos después de haber hecho el ajuste. Hay botones de termostato que no están conectados a nada aunque lo parezcan y que aún así producen el efecto de satisfacción en quien lo ha tocado, indicando rápidamente un comentario como «ahora sí que se está bien» o «ya estoy bien, menos mal».

¿Pero por qué existen estos botones placebo? La psicóloga Ellen Langer menciona que sus efectos son positivos y que ayudan a que todo el mundo pueda tener un incentivo añadido en su vida de aumento de control, lo que nunca está de más. Hasta en las pequeñas cosas se pueden encontrar motivos para encontrarnos mejor tal y como nos hace ver. Por otro lado, comenta que en realidad hacer esa acción de tocar un botón no supone ningún tipo de esfuerzo ni complicación, así que por mucho que no tenga efecto directo en nada de lo que ocurra será algo beneficioso. Al mismo tiempo, la psicóloga cree que estos botones nunca deberían recibir el nombre de «botón placebo», porque lo considera algo ofensivo y denigrante para quienes los tocan de forma habitual. No quiere que el mundo se sienta mal, sienta humillación o vergüenza por sentir que tocar esos botones hará que se produzca un efecto en el cual ellos han tenido un papel. Su defensa es clara: estos botones tienen un objetivo por mucho que parezca que no lo tienen, dado que sirven bajo una función psicológica como poco y en algunos casos sí que desatan un efecto. Así que… ¡sigamos tocando los botones!

Vía: CNN

Foto: johnhainWikimediaImagesgeralt

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