Contratar un plan de pensiones: ¿La mejor solución?

Con la última reforma de las pensiones, los jubilados del futuro tendrán menor poder adquisitivo. Los planes de pensiones pueden ser un buen complemento, aunque es preciso calcular bien su rentabilidad, pues no hay que olvidar que se trata de un fondo de inversión, no un producto de ahorro.

El continuo ajuste del déficit público y el decrecimiento exponencial del superávit de la Seguridad Social (reducido a la mitad con respecto al pasado ejercicio) indican que la restricción de prestaciones se va a generalizar en los próximos años. Y entre éstas, quizás la más sensible: las pensiones. ¿Qué hacer para garantizar los subsidios de jubilación del futuro? Los planes de pensiones vuelven a estar en el punto de mira. ¿Cuáles son sus beneficios e inconvenientes?

La última reforma laboral ha asentado las bases de las futuras jubilaciones. Las principales modificaciones: la extensión de la edad de jubilación (de 65 a 67 años) y el alargamiento del período de base de cotización (pasando de 15 a 25 años). Lo cual se resume en dos cosas: más años trabajados y considerable pérdida del valor adquisitivo de la pensión. Anteriormente para cobrar el 100 %  de la misma era necesario haber cotizado 35 años, en el futuro será de 37, y el cómputo se calculará sobre 10 años más, con lo que la cuantía caerá considerablemente.

El poder adquisitivo de los pensionistas disminuirá en los próximos años

Ante este panorama, los planes de pensiones ofrecen una alternativa atractiva de ahorro. Sobre la mesa, un plan de pensiones es una cartera de inversión dirigida por una entidad financiera, acumulando un beneficio en función de la rentabilidad y la duración de las aportaciones del mismo. El valor se calcula diariamente y para ello se divide el dividendo del patrimonio total del fondo por el número de participantes. El plan de pensiones privado está pensado para servir como un complemento de la jubilación, no como un sustituto, por lo que debe ser considerado como una opción de ahorro, aunque esté regulado como un producto de inversión, eso sí, con beneficios fiscales.

Sin duda el principal beneficio de un plan de pensión es intangible: la seguridad del futuro. Aun así, es recomendable intentar traducir económicamente dicho concepto abstracto, pues a la larga puede suponer una desinversión. Para empezar hay que calcular bien la relación entre la inversión y el dividendo, esto es, la productividad, y sumarlo después al ahorro fiscal (por ejemplo, la diferencia entre tener un depósito en un banco).

Barajando los últimos datos disponibles, la cuantía de los planes de pensiones ha decrecido en España considerablemente, en parte debido a su baja rentabilidad  (en ocasiones por debajo de la inflación) una tendencia acorde a la experimentada a nivel mundial en 2010, año en el que se una recesión de los planes de pensiones y sus beneficios. Sin duda, las pensiones futuras irán en detrimento del poder adquisitivo de los prestatarios. El ahorro o el plan de pensión pueden ser una buena ayuda, pero cuál contratar dependerá de su rentabilidad.

Foto: Ministerio de Industria, Turismo y Comercio

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