Los fondos estadounidenses no confían en Europa

Los fondos monetarios estadounidenses dan la espalda a Europa. La desinversión se cifra en más de 600.000 millones de dólares.

Ansiedad. Es el término que flota cual fantasma por los mercados estos días. Ansiedad de retirada de beneficios, de incertidumbre ante el futuro, de miedo por la desprotección ante una inevitable quita griega. Los inversores de Estados Unidos vuelven a dar la espalda a Europa en vísperas de la cumbre trascendental que podría marcar definitivamente un punto de inflexión ante el enésimo capítulo de la crisis. Según información de Fitch, el importe invertido en deuda financiera por los fondos monetarios estadounidenses ha descendido un 37 por ciento desde finales de mayo.

Estos fondos, llamados ‘ultraseguros’ son un indicativo de la solvencia del activo en el que se invierte, ya que compran deuda a corto plazo, teóricamente más solvente, con calificaciones elevadas. Muchos de ellos tienen como norma invertir exclusivamente en bonos calificados con la ‘triple A’. El espaldarazo de estos fondos estadounidenses denota la débil situación a corto plazo a la que se enfrentan los activos del Viejo Continente, sometidos de nuevo al estricto examen de las agencias de calificación y diezmados ante la crisis de deuda y los problemas de liquidez y solvencia de los bancos.

Bolsa de Nueva York

La desinversión se cuenta en unos 610.000 millones de dólares, entre ellos de los 10 mayores fondos monetarios de Estados Unidos. Por países, los más perjudicados por esta decisión son los bancos franceses y alemanes. Los primeros han sufrido una desinversión del 62% cada uno, mientra que la confianza depositada en las entidades británicas ha descendido un 41 por ciento. La reducción del riesgo hacia la banca europea no solo se percibe en un descenso del peso de la deuda en los fondos monetarios de Estados Unidos. La disminución en la duración de los vencimientos de la deuda en la que invierten es otro factor. Por ejemplo, el 27% de los activos invertidos en deuda de entidades galas tiene una duración igual o inferior a siete días.

Las miradas están puestas en la más que probable quita del 50 por ciento de la deuda griega pactada por Francia y Alemania, una situación que dejaría ‘desprotegidos’ a los bancos tenedores de deuda, especialmente franceses y alemanes, y azotaría todavía más a las entidades financieras europeas, que ya se encuentran en el punto de mira de las autoridades comunitarias a causa de las futuras pruebas de solvencia. Y de reojo, el insuflado miedo hacia los periféricos. El eterno contagio contra el que parece no haber vacuna posible.

Foto: Roland Weber, en Wikimedia Commons

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