Tom Anderson, el emprendedor multimillonario que se retiró con menos de 40 años

Con menos de 40 años el creador de MySpace se jubiló y ahora vive una vida que sirve de ejemplo para millones de emprendedores.

Tom Anderson en Instagram

El nombre de Tom Anderson quizá no te suene demasiado, pero él mismo se define como el primer amigo de millones de personas. Es totalmente real. Él creó MySpace, la red social que triunfó antes de Facebook y que se convirtió en una tendencia que nadie era capaz de parar en su época. Su éxito permitió que Anderson se pudiera jubilar antes de cumplir 40 años. Hoy día disfruta de una jubilación en la que su afición por la fotografía lo es todo.

Suena extraño, pero quizá en el futuro se recuerde a Anderson por sus fotos, por sus consejos y apoyo a quienes lo necesitan y por su carácter. Posiblemente el nombre de MySpace termine desapareciendo y será algo menos relevante de lo que habrá conseguido Anderson en su periodo de jubilación. Y sí, hay que reconocer que todo eso lo puede lograr y atribuir en parte a que es un joven multimillonario con tiempo y medios para hacer prácticamente cualquier cosa.

En los tiempos más dulces de MySpace había 76 millones de personas usando MySpace, lo que le proporcionaba al creador unos ingresos inmensos. Fundó la empresa en agosto de 2003 cuando todavía tenía 32 años y se encontró con el éxito de frente y con una sabor muy dulce.

Llegó un punto en el que Anderson vio claro que era un buen momento para vender la empresa. Quería aprovechar el momento y firmar un contrato que le garantizara una gran recompensa. La empresa fue vendida a News Corp. y se metió en el bolsillo una imponente cifra de 580 millones de dólares. En el año 2009 Anderson ya se había jubilado, en parte porque se aburría.

El propio Anderson, que siguió al frente de MySpace por mucho que fuera vendida en 2005, reconoce que dejó la empresa porque llevaba años sin trabajar y no encontraba justo seguir cobrando un sueldo por estar simplemente en la compañía sin hacer nada. En lugar de sentirse mal prefirió comenzar a hacer cosas más divertidas, momento en el cual dejó fluir su pasión por el mundo de la arquitectura. Así es como diseñó su propia casa, aunque no tenía pensado vivir en ella para siempre.

Tuvo una idea: construir una casa, venderla, construir otra que debería ser mejor que la primera por la lógica de la experiencia y la práctica. Vendería esa segunda casa, construiría otra casa y seguiría haciéndolo una y otra vez hasta llegar a la séptima casa y justo esa sería la que se quedaría. Pero la inquietud de Anderson se encontró con otra afición: la fotografía, y en la tercera casa que había construido se detuvo. A partir de entonces viaja y documenta sus aventuras en Instagram. También ayuda a emprendedores como él que lo necesiten o a personas pobres que estén buscando apoyo.

Vía: Instagram

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