¿Y si una empresa recuperase los productos míticos de nuestra infancia?

La nostalgia es un factor muy recurrente del que sacan provecho las empresas en algunos casos, ¿pero y si lo aprovecharan todavía más?

Hablábamos hace poco de lo ocurrido con Toblerone. De cómo la marca cambió la receta y luego la recuperó porque no le salió la jugada bien. Lo mismo pasó con otros productos. Donuts recuperó su clásica receta y filosofía y las ventas se dispararon (aunque no tenemos claro si solo fue temporalmente). Pero a diferencia de estas, hay muchos productos que han cambiado y se han quedado en las estanterías de las tiendas siendo un mero reflejo de lo que fueron en el pasado.

Soñar es gratis

¿Pero y si una empresa llegase y recuperase esos productos que nos hicieron felices en nuestra infancia? ¿no sería una idea fantástica? Pensemos en Nostalgia S.A., una compañía que se dedica a recomercializar productos de antaño tal y como fueron en el pasado en periodos de tiempo limitados que consigan dos cosas: hacer feliz a la gente y obtener un volumen de ventas grandioso en un breve espacio temporal. Porque si, por ejemplo, el Bollicao original, el auténtico, que tenía la bola de chocolate en uno de los lados, volviera a las tiendas, seguro que los clientes se entusiasmarían.

Imaginemos que el Bollicao vuelve durante un periodo de 2 meses con una colección de pegatinas Toi en su interior. La maniobra sería tan perfecta que la cantidad de bollicaos que se venderían superaría todo lo imaginable. Los adultos los comprarían no solo por nostalgia, sino también para compartirlos con sus hijos, que sería la primera vez que los probarían.

Esa misma empresa podría escalonar lanzamientos de productos nostálgicos a razón de uno cada dos meses. Productos revisados con sabor de antaño como el Bollicao u otros que desaparecieran en su totalidad, como el refresco Fruitopía de plátano, el cual vendió la marca Coca-Cola durante mucho tiempo con éxito, pero que acabó retirando de la noche a la mañana.

¿Cómo reaccionarían los consumidores? A nosotros nos da la sensación de que sería una forma excelente de aportar ilusión a un sector de la población que, por el peso de la vida, en algunas ocasiones se ha olvidado de sonreír. No olvidemos esa escena de la película Ratatouille de Pixar, en la que el crítico culinario de malas pulgas vuelve a sonreír y a ser una persona feliz cuando disfruta de un plato que le recuerda a su infancia. Nos encantaría que una empresa se tomara la molestia de hacer feliz a todas esas personas que podrían serlo con algo tan simple como comer un dulce o tener en sus manos un producto de su infancia.

Productos que han cambiado de sabor

Hay diversos productos, sobre todo comida, que han cambiado sus recetas con el paso del tiempo y que ya no saben de la misma manera. Hablábamos del Bollicao, pero desgraciadamente solo es un caso aislado. Se nos ocurren otros dulces con los que ha pasado lo mismo, ya sea por el cambio de preparación o por la modificación en el chocolate utilizado. Por ejemplo, el Phoskitos está prácticamente olvidado cuando en el pasado era uno de los productos más vendidos. Hay una versión que se comercializa como «Phoskitos original», pero no es tan original como podríamos imaginar. Y ¿dónde ha quedado el eslogan de «regalos y pastelitos?» Todos los niños del pasado compraban el Phoskitos por lo que se incluía dentro y siempre había una emoción enorme por ver las nuevas colecciones.

Las galletas de chocolate Príncipe también han modificado su receta y ya no saben igual. Además, la consistencia de la galleta ha caído mucho y al mojarla en la leche se puede ver con facilidad que no resiste tanto como lo hacía antaño. O el surtido de galletas Cuétara, que se renovó en su interior como forma de modernizarse y lo que hizo fue dejar de lado algunas de las galletas más históricas. Acostumbrados desde pequeños a disfrutar del surtido de forma festiva, acostumbrarse a nuevos sabores y a un nuevo orden resultaba cuanto menos complicado. Y lo cierto es que la cantidad nunca volvió a ser la misma.

¿Por qué cambia el sabor o las recetas?

Si todo lo simplificásemos diciendo, por ejemplo, que el cambio de los productos se debe a una cuestión económica, no hay duda de que sería un poco triste. Es obvio que el dinero juega un papel importante en ello, pero no tiene porqué ser el único factor que tenga peso. Hay empresas que se han visto obligadas a cambiar el sabor de sus productos y la receta debido a que en el pasado utilizaban ingredientes que no resultaban sanos ni recomendables para el organismo. Esto se puede comprobar con muchos de los compuestos y añadidos que tienen los productos para que se conserven más o menos tiempo o para influir en los colores y sabores. Con el paso de los años se ha descubierto que muchos de ellos no son saludables, por lo que se han dejado de utilizar.

Lo mismo ocurre, por ejemplo, con el aceite de palma, que en unos años se ha transformado en el enemigo público número uno por el descubrimiento de todo lo nocivo que provoca al cuerpo. Este cambio de aceite ha llevado a que también se aprecie una modificación importante en el sabor de los productos que lo utilizaban. En otro orden de cosas también influye el uso de conservantes más potentes que garanticen que el producto sobrevivirá más tiempo en la tienda y el cambio que sufren las recetas por, como decíamos antes, motivos económicos (uso de otros ingredientes para abaratar costes).

La realidad es que por un motivo u otro, muchos de los productos que han cambiado su sabor con el paso de los años simplemente no podrían seguir existiendo como antaño.

Productos que han desaparecido

También hay casos en los que por los motivos comentados anteriormente, el producto no ha modificado su sabor, sino que directamente ha desaparecido. Son situaciones en las que el fabricante, al tener que dejar de fabricar el producto como antaño, prefiere optar por la desaparición del mismo en vez de seguir fabricándolo con modificaciones. O al mismo tiempo, también se trata de artículos que realmente no tenían una gran demanda y abandonan las tiendas debido al poco interés que existe en ellos. Hay casos en los que estos productos desaparecen porque son el reflejo de una época, y cuando pasa su momento de gloria simplemente se dejan de fabricar porque ya no generan ningún tipo de interés.

Antes ya hemos mencionado un ejemplo, como es la bebida Fruitopía, que fue una apuesta de Coca-Cola en una época en la que el público demandaba otro tipo de refrescos. Pero no triunfó y la empresa acabó utilizando la logística que dedicó a este producto para trabajar en la marca Minute Maid. Hay muchos más casos como estos, como el de la crema de cacao Pralin, que competía de tú a tú con Nocilla, pero en una gama de precio más económica. Se dice que la receta de esta crema terminó desapareciendo y que nunca ha sido capaz de replicarse de una forma absoluta.

¿Desaparecen o los dejamos de ver?

Esta es una de las grandes incógnitas de nuestra sociedad y de los productos que consumimos y echamos de menos. Una investigación exhaustiva a través de foros y blogs en español nos lleva a tener en nuestras manos una lista de los artículos que la sociedad echa de menos. En algunos casos coinciden en los productos que ya hemos mencionado, como es el caso de la crema Pralin. En otros se habla de productos por los que los consumidores tienen nostalgia, pero que en realidad no han desaparecido de las tiendas. Lo único que ocurre es que los han dejado de ver. En parte porque puede que ya no tengan la misma distribución que antaño y que sobrevivan como artículos de segunda categoría con poco stock y baja presencia en las estanterías. O en parte porque nuestro crecimiento como adultos nos haya llevado a perder la referencia del lugar donde se encuentran estos productos o del interés de nuestra mente en ellos.

A veces podemos estar comprando en el supermercado, con nuestra cabeza concentrada en lo que necesita nuestra nevera para la alimentación de nuestra familia e hijos, y en lo que nunca se va a fijar nuestro cerebro va a ser en si encontramos ese dulce que comíamos de niños. Nos acordaremos de él estando en casa, sentados en el ordenador navegando, pero no mientras estamos en el supermercado concentrados en hacer la compra.

En otros casos los productos en cuestión que han desaparecido en España, continúan existiendo en el extranjero, y se convierten en motivos de alegría cuando nos vamos de viaje y nos los encontramos. Compramos varias unidades para consumir durante el viaje y para tráernoslos a casa. Es algo que nos llena de satisfacción y que nos da un buen motivo para volver a ese lugar en el futuro si hemos quedado satisfechos con el resto del viaje.

El valor de la nostalgia

En multitud de ocasiones se ha comprobado que jugar con la nostalgia genera grandes oportunidades de éxito a quienes saben sacar partido de ello. Lo que también hemos visto por regla general es que la nostalgia es algo que proporciona un margen de éxito ajustado a unos periodos de tiempo muy concretos. Es decir, podemos producir un producto cuyo objetivo sea apelar a la nostalgia del usuario, pero solo triunfaremos con él si lo planteamos como un artículo de acceso fugaz. Si lo intentásemos mantener en el mercado de forma permanente llegaría a perder el factor nostalgia y en ese caso sufriría al competir de tú a tú con productos de disponibilidad diaria.

Por ello, si pensamos trabajar con la nostalgia como herramienta comercial, debemos pensar muy bien cada una de las decisiones que vayamos a tomar.

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