La Unión Europea, frustrada por no poder controlar a las multinacionales tecnológicas

La UE sigue empeñada en lograr más ingresos fiscales pero descuida por completo el fomento de la creatividad para que las empresas europeas se abran paso.

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Que la Unión Europea (UE) ha tenido efectos muy positivos en el desarrollo de economías nacionales como la española es algo que, nosotros al menos, jamás nos atreveremos a poner en duda. Sin embargo, no es menos cierto que, de un tiempo a esta parte, las instancias comunitarias han degenerado en un océano de regulaciones, normativas y burocracia en general que restan competitividad a Europa y, más concretamente, a las economías con mayores necesidades de inversiones. Sin embargo, ni la UE puede controlarlo todo como desearía.

Tomando el célebre episodio de las sanciones a Google como referencia, observamos cómo Europa se siente impotente al no poder echarle la mano a la mayor parte de los ingentes ingresos de las compañías tecnológicas de otro lado del Atlántico. Detectamos con no escasa tristeza que lo que preocupa a los gobiernos europeos no es fomentar la creatividad y la innovación empresarial en sus respectivos países, sino sangrar lo máximo posible a compañías que, beneficiándose del apoyo tácito del gobierno estadounidense, han cambiado para siempre el modo de vida de millones de personas.

Las consecuencias de esta postura son dramáticas. La restrictiva regulación europea es una barrera que pocas empresas del viejo continente consiguen sortear y, cuando lo logran, se ven incapaces de competir de tú a tú no solo con sus rivales norteamericanas sino también con las firmas coreanas o japonesas. El proteccionismo europeo se observa también en la caza inmisericorde de cualquier innovación tecnológica que ponga en riesgo el monopolio de gremios tradicionales, como ha podido verse con las sentencias desfavorables a Uber.

El pensamiento oficial de la UE puede ser también una rémora con vistas a la aprobación del Tratado de Libre Comercio con EEUU. De manera casi inmediata, sindicatos y demás colectivos cercanos a la izquierda política están tratando de vetar el acuerdo alertando sobre una destrucción de empleo masiva en Europa. Desde luego, dicho aumento del paro puede ser real pero solo si Europa sigue empeñada en que puede mantener su actual nivel de vida a base de prohibiciones y voracidad recaudatoria.

Vía: Expansión

Foto: geralt

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