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Ideas de negocio ganadoras, un hotel dedicado a las salchichas

Hoy vamos a dar forma a otra sección que intentaremos continuar a lo largo de los próximos meses con nuevas publicaciones y en la cual hablaremos de ideas de negocio ganadoras. Lo que buscamos es hablar de ideas innovadoras, raras quizá, un poco distintas, que hayan significado un riesgo para sus responsables, pero que al mismo tiempo les hayan permitido soñar con hacer algo diferente. Porque ya sabéis que en lo diferente está el gusto, en desmarcarse de los demás y plantear nuevas ideas que puedan ser bien recibidas por el público.

En el mundo de los hoteles siempre encontramos buenas ideas, muchísimas muy locas, distintas a todo y sobre todo arriesgadas. Normalmente siempre decimos que se puede triunfar sin arriesgar, pero que la satisfacción que se alcanza arriesgando es muy superior. Lo sabemos y seguro que lo sabéis, pero en ocasiones interesa arriesgar menos y garantizar los resultados más. Es bueno que hagamos una cosa u otra dependiendo del estado en el cual se encuentre nuestra cartera de inversiones y de los éxitos o fracasos que hayamos alcanzado antes de ello.

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No tenemos muy claro si Claus Boebel, el creador del hotel del que os hablamos, había triunfado o fracasado con sus anteriores ideas, pero podemos decir que en este caso ha dado en el clavo. Su establecimiento, el Boebel Bratwurst Bed and Breakfast, está causando sensación y consiguiendo que se convierta en una de las paradas de moda en Rittersbach, en las cercanías de Nuremberg.

Tampoco tenemos seguro a ciencia cierta que cuando Claus dice que se trata del “primer hotel dedicado a las salchichas” sea verdad o exageración. Lo cierto es que no conocemos ningún otro, y si no está en Alemania posiblemente no exista. Su idea sonaba loca sobre el papel, y una vez se ha completado sigue pareciendo loca, pero está obteniendo un gran reconocimiento, así que lo demás termina por importar menos.

Cuenta el emprendedor, que procede de familia de carniceros de toda la vida, que le gusta viajar por el mundo y que le encanta dejarse envolver por las particularidades y tradiciones de cada región. Por eso ha querido crear un lugar que sirva como representación de una de las piezas clave en la gastronomía alemana. Su vida siempre ha estado vinculada a las salchichas y con este establecimiento de siete habitaciones, que se encuentra al lado de su propia casa familiar, quería rendirle homenaje a todo lo que la carne le ha dado a lo largo de los años a él y su familia.

En pocos meses el hotel ya ha reunido turistas procedentes de distintas partes del planeta, chinos, franceses, italianos, suecos, nigerianos, japoneses y españoles, entre otros. Les gusta porque forma parte del turismo experiencial, una de las grandes tendencias que acompañan a los viajeros del mundo entero y que ayuda a que cada viaje que se realice sea una experiencia que nunca se olvida por poder conectar con las esencias más naturales de los lugares visitados. En este caso las fotos con la particular decoración del hotel, que están llenas de salchichas y embutido de todo tipo, son imprescindibles.

Por supuesto, parte de la idea que transmite el turismo experiencial en este caso está dirigida a que los visitantes puedan disfrutar de las propias salchichas. La zona de restaurante del hotel es el templo del bratwurst. Esta es la única comida que se sirve. Con muchos tipos de acompañamiento, muchos sabores y estilos de salchicha, pero solo bratwurst. Claus comenta que podría servir un filete de carne con cebolla, pero que él solo sirve bratwurst con cebolla. Tampoco ha querido introducir otros platos típicos de la gastronomía alemana porque no son su territorio. Él se ha criado entre salchichas y eso es lo que conoce a fondo y lo que comparte con los huéspedes. Además de comerse las salchichas los visitantes también podrán aprender a cocinarlas, dado que se ofrecen cursos de cocina en los que se ilustra en las múltiples formas de preparar el bratwurst.

A la pregunta de si cree que su hotel se verá afectado por la tendencia del vegetarianismo, Claus responde con calma porque no cree que al final se vaya a notar tanto el impacto. Su hotel no es tan grande y piensa que la venta de carne seguirá manteniéndose en un nivel adecuado, aunque espera, eso sí, que los ciudadanos vuelvan a comprar más en las carnicerías tradicionales y no en los grandes supermercados. Más allá de eso se le ve contento, feliz como emprendedor a sus casi 50 años, emocionado por haber dado forma a un hotel que él mismo ha diseñado poniendo toda su alma en ello. Un hotel distinto y único, arriesgado, pero que dice mucho del valor de un emprendedor que quiso darle al mundo algo que hasta ese momento no existía.

Vía: Boebel Bratwurst Bed and Breakfast

Foto: skeeze

Categorías: Empresa