¿Hasta cuándo podrán convivir los sectores tradicionales y los digitales?

La “Guerra del taxi” evidencia el conflicto entre el creciente alcance de las nuevas tecnologías y el inmovilismo de los sectores tradicionales.

uberDurante la última década, el sector tecnológico no ha dejado de innovar en materia de desarrollo de nuevas formas de hacer negocios. Las plataformas virtuales y las empresas que operan exclusivamente en la red son los ejemplos más evidentes de esta nueva era comercial. En los últimos años, las nuevas tecnologías han dado otra vuelta de tuerca a los negocios online con las famosas aplicaciones, especialmente pensadas para los teléfonos inteligentes. Hasta ahora, todas estas innovaciones habían convivido pacíficamente con los negocios tradicionales.

La oleada de protestas desatada por taxistas de toda Europa contra la plataforma Uber ha colocado en el centro de la diana un problema siempre anunciado pero nunca abordado en profundidad. ¿Realmente pueden convivir indefinidamente los negocios tradicionales con las empresas online? A día de hoy, no puede asegurarse ni una cosa ni la contraria. Desde luego, existen sólidos motivos para creer que muchos sectores convencionales deberían reconvertirse para seguir siendo competitivos frente a las nuevas tecnologías. No obstante, estas últimas no pueden aún prestar servicios tan completos como sus competidores.

El contencioso entre Uber y el sector del taxi resulta ciertamente paradigmático. Esta plataforma, que en España solo opera en Barcelona, se encarga de conseguir chóferes aficionados para cubrir trayectos urbanos a precios muy competitivos. De este modo, los usuarios de la aplicación simplemente tienen que introducir el trayecto que desean realizar y automáticamente se les proveerá un conductor disponible. Este es precisamente el punto más conflictivo de la actividad de Uber, ya que los taxistas entienden que estos chóferes están realizando una competencia desleal.

Una deslealtad que no parece en cambio que sea ilegal. La figura de los conductores aficionados carece de estatus propio en Hacienda y en consecuencia sus emolumentos no pasan de ser una gratificación por parte del usuario. Lógicamente, el abaratamiento de los costes de los desplazamientos es muy importante, aspecto que preocupa a los taxistas por cuanto pueden verse incapaces de competir con estos inesperados rivales. En cualquier caso, la ilegalización de Uber no parece razonable, siendo más positiva una regularización específica.

Vía: El Mundo

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