Empresas famosas que fueron fundadas por adolescentes

Muchos emprendedores crearon sus productos y empresas cuando todavía eran jóvenes y estaban estudiando.

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La mente de los jóvenes y la fuerza y el ímpetu que se tienen en ese momento de la vida son capaces de conseguir auténticas maravillas. Una buena demostración de ello se encuentra en cómo hay grandes empresas de talla mundial que fueron fundadas por emprendedores en su adolescencia, cuando todavía no habían desarrollado una fortuna propia ni habían terminado los estudios en la mayor parte de los casos. Estos ejemplos de empresas de éxito que nacieron en el garaje, en el dormitorio de la universidad o en la casa de sus padres, nos ayudan a comprobar cómo nunca hay que sentir que las limitaciones que podamos tener nos tienen que detener. Siempre hay posibilidades de éxito si nos esforzamos y ponemos pasión en lo que hacemos.

Posiblemente uno de los ejemplos más claros de lo que hablamos lo representa Mark Zuckerberg, que creó Facebook en su dormitorio de la universidad cuando tenía 19 años. Su historia, a grandes rasgos, seguro que la conocéis por las películas que la han narrado. La idea que inspiró el nacimiento de Facebook fue la web para comparar el atractivo de sus compañeros de universidad que creó junto a otros estudiantes y que bautizó como Facemash. Posteriormente crearía Facebook y se convertiría en una de las empresas más importantes del mundo entero.

Otro buen ejemplo es el del ya fallecido Fred DeLuca, que cofundó la cadena de restaurantes Subway cuando tenía 17 años. Pidió ayuda económica a un amigo de la familia que puso el dinero necesario para abrir un primer puesto de venta de bocadillos. El éxito se disparó y se convirtió en una de las franquicias de comida rápida más famosas del mundo entero.

A Matt Mullenweg le debemos muchísimo quienes trabajamos en la red, dado que fue el creador de WordPress y lo hizo cuando solo tenía 19 años. Usaba el sistema para un blog personal en el que contaba sus frustraciones y los problemas con los que se encontraba mientras programaba. Al final la interacción con otras personas llevó a que naciera uno de los sistemas de publicación de contenidos online más famosos de la historia.

Cuando tenía 17 años Palmer Luckey creó su primer dispositivo de realidad virtual, el cual sería un prototipo de lo que acabaría convirtiéndose en Oculus. Este headset de realidad virtual fue vendido posteriormente a Facebook y su creador permaneció un tiempo en la empresa hasta dar el salto a otro sector: el de defensa.

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Por su lado, Michael Dell mejoraba los ordenadores de sus compañeros de universidad cuando tenía 19 años. En un año ganó más de 80 mil dólares haciéndolo y decidió dejar los estudios para fundar su propia empresa, la cual se acabaría convirtiendo en la firma de informática Dell.

A los 16 años Mike Kittredge vendía velas caseras a sus vecinos por 2 dólares. Años después la demanda creció tanto que profesionalizó el negocio y lo terminó vendiendo, siendo en la actualidad la empresa Yankee Candle de gran presencia en Estados Unidos. Otro buen ejemplo es el de Pete Cashmore, que a los 19 años creó el portal tecnológico Mashable, convertido a día de hoy en un conglomerado periodístico en la red de una enorme popularidad. En último lugar, Catherine Cook y sus hermanos crearon el servicio online MyYearbook cuando tenía 14 años. Posteriormente vendió la empresa y se ha acabado convirtiendo en MeetMe. Por el camino su creadora obtuvo un cheque de nada más y nada menos que 100 millones de dólares.

Estos son algunos ejemplos de los muchos que hay en el mercado y que abarcan todo tipo de sectores e ideas. No hay duda de que las últimas dos décadas han sido muy fructíferas y que han permitido, gracias a Internet y las nuevas tecnologías, dar forma a todo tipo de proyectos. Lo interesante es ver cómo a partir del punto de inflexión que viven sus negocios, estos emprendedores reaccionan de una u otra manera dependiendo de cada caso. Mientras unos se mantienen al frente de su creación pase lo que pase, otros optan por la venta en el momento en el cual reciben una buena oferta que les permita cumplir sus sueños. No hay una decisión errónea, dado que en todos los casos lo que se busca es conseguir una forma de rentabilizar todo el esfuerzo y pasión que se ha puesto en la creación de cada uno de los proyectos.

Lo que también es importante recordar es que no hay límites para apostar por nuestras ideas y que nunca debemos dejar de soñar aunque haya factores que sean obstáculos en nuestro camino. Si alguna vez hemos pensado que por ser jóvenes no podemos emprender o que quizá deberíamos dejar una idea en el congelador hasta acabar la universidad, echar un vistazo a las historias de estos emprendedores nos hará ver que en realidad no tenemos que tener miedo, sino confiar en nosotros mismos.

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