El drama y venta de la marca de pinturas Titanlux

AkzoNobel ha realizado la compra de la empresa Titán, propietaria de Titanlux y correspondiente a uno de los nombres más históricos de España.

La historia de la pintura Titanlux forma parte de la historia de España. Posiblemente no haya existido marca de pintura española que haya tenido más relevancia que esta en nuestro país. De la mano de la empresa Titán se convirtió en la principal referencia y en el nombre que todas las personas y especialistas llevaban a las tiendas cuando iban en busca de pintura. Pero eso fue, por supuesto, hace décadas.

Los tiempos cambian y la entrada en España de productos innovadores desplazaron la popularidad de esta pintura de manera progresiva. Llegó un momento en el cual ya no era lo que fue. Sobre todo le afectaron dos cosas: los relevos generacionales y la política. Porque como empresa catalana, los sucesos ocurridos alrededor de 2012 comenzaron a afectar a la entidad de una forma gravísima. En poco tiempo se encontró con que muchos de sus hasta entonces clientes les cerraban la puerta, y aunque algunos la abrían debido a promociones y jugosas ofertas que era difícil rechazar, es cierto que se tuvo que apreciar un cambio en las cuentas.

Para entonces, la empresa Titán, que se fundó en 1917, ya había tenido varios líderes, aunque siempre dentro del entorno de la familia fundadora: los Folch. Hoy se puede confirmar que Titán y Titanlux ya no pertenecen a esta familia y que, en realidad, han pasado a las manos de una entidad del extranjero: la holandesa AkzoNobel. Además, parte de las propiedades se han vendido a una empresa portuguesa conocida como Tintas Neuce.

Dicen los últimos representantes de Titán que esta operación era necesaria a la vista de que la compañía no tenía la «masa crítica» necesaria para afrontar los retos de un mercado globalizado como el actual. Además, creen que será la mejor manera de mantener vivo el nombre de Titán y Titanlux, que perdurará introducido dentro del conglomerado de empresas y productos de AkzoNobel, a quienes el mercado español les resulta de lo más interesante y atractivo.

Pero con esta operación se cierra un ciclo de, según se informa, cuatro generaciones. Todo comenzó en 1917 con Joaquim Folch i Girona, que se trataba de un gran especialista cuya visión llevó al negocio a algunos de sus mejores momentos. Luego llegaría Joaquín Folch-Rusiñol Corachán, que también dejó huella en la compañía, y finalmente la entidad se puso en manos de sus dos hijos: Alberto y Joaquín Folch-Rusiñol. La historia de la empresa es muy difusa y en principio solo se habla de estos nombres y no de las aparentes cuatro generaciones, por lo que es difícil hacer un repaso con solidez.

La familia, que ha formado parte de la élite de la burguesía catalana, siempre ha estado presente en distintos mercados y sectores. Titán no es su único negocio, ni mucho menos, y la venta no va a suponer un drama económico ni en cuanto a planificación de futuro para sus propietarios. Tienen suficientes negocios bien establecidos y posesiones como para que varias generaciones más de Folch-Rusiñol no tengan que volver a trabajar nunca. Quizá esto permita que sus miembros exploren otros talentos, como hizo uno de los hijos de Joaquim Folch i Girona, Jorge Folch i Rusiñol, que destacó en el campo de la poesía y se convirtió en un nombre muy importante en su campo, aunque su carrera se truncaría al fallecer a los 22 años.

Mientras tanto, solo hay que echar un vistazo a Google para leer entrevistas con los Folch-Rusiñol y comprobar que la vida les sonríe y que posiblemente les importa más su barco, su vida cosmopolita y su deporte y disfrute del mundo que el haber cedido el control de la obra de la familia a una empresa del extranjero. Posiblemente no sea un problema de mejorar los números, porque como os decimos, no necesitarían hacerlo, pero lo más probable es que hayan visto la crisis que se avecinaba para una marca que ha quedado anclada en el pasado y para una empresa que se ha envuelto en la polémica de la independencia catalana.

Antes de vender la empresa vendieron su avión privado, el cual ellos mismos reconocían que prácticamente no utilizaban porque la última generación al control de la empresa no estaba muy interesada en volar. Lo que hacían era ceder el avión a socios y terceros. Pero lo que sí mantienen es su enorme yate, el cual les permite vivir en el mar la mayor parte del año y disfrutar de una de esas vidas de ensueño que todo el mundo desearía. Se lo deben a Joaquim Folch i Girona, fallecido en 1984 a los 92 años. ¿Qué le hubiera parecido a él que Titán pasara a control de una empresa holandesa que a buen seguro acabará quedándose la cuota de mercado, las fábricas y eliminará la marca poco a poco? Al menos, ocurra lo que ocurra, nadie le podrá quitar a Titanlux haber sido parte de la historia de España.

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