Tres años de la quiebra de Detroit

La Ciudad del Motor se declaró en bancarrota en 2013 tras una larga decadencia que duró más de cuatro décadas. Ahora, Detroit lucha por renacer.

Detroit City

El 18 de julio de 2013, la ciudad norteamericana de Detroit sorprendía a propios y ajenos al presentar su declaración de bancarrota. Y es que, por graves y conocidos que fueran los problemas que llevaba décadas arrastrando la Ciudad del Motor, parecía imposible que una ciudad así pudiera declararse en bancarrota. Emblema de la industria automovilística y símbolo del despegue económico norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial, Detroit lucha hoy por recuperar el pulso. Hace tres años que tocó oficialmente fondo y ahora empiezan a verse los primeros indicios de mejoría. Veamos cómo se llegó a la quiebra y cómo se está saliendo de ella.

Los inicios

Detroit, situada en el norte del país y envuelta por un clima un tanto inhóspito por las bajas temperaturas, no parecía precisamente el mejor emplazamiento para levantar una floreciente industria. Henry Ford no lo vio así y en 1903 instaló allí la que sería la primera marca automovilística del país. A Ford le seguirían General Motors (1908) y Chrysler (1925), convirtiendo a Detroit en la capital mundial de la automoción. De esta manera, la ciudad comenzó a atraer a miles de trabajadores para abastecer las necesidades de sus boyantes factorías.

La edad de oro

Contrariamente a lo que sucedió en otros muchos sectores, la industria automovilística sorteó con relativa entereza la Gran Depresión y ello significó que Detroit prosiguiera su expansión como si nada. Tras la Segunda Guerra Mundial, la industria local alcanzó sus mayores cotas de producción, coincidiendo con el ‘boom’ de los automóviles particulares. La década de 1950 sería prodigiosa para la ciudad, que alcanzó su pico máximo de población (1,85 millones de personas) así como su punto de mayor actividad. Ford, Chevrolet (la joya de General Motors) y Chrysler habían instalado a la ciudad en un sueño que parecía no tener fin.

Llegan las problemas

En la década de 1970, la industria de Detroit empieza a evidenciar problemas de falta de competitividad. Las grandes marcas no habían sido capaces de anticiparse a los cambios en el sector y la entrada compañías extranjeras había mermado considerablemente su cuota de mercado en Norteamérica. Paralelamente, su músculo exportador no era el deseado y ello motivó que las compañías comenzaran a adelgazar su desproporcionada estructura y a reducir sus plantillas. El aumento del desempleo sumiría a la ciudad en la inestabilidad.

Esta situación se agudizó en la década de 1980, hasta el punto de que el presidente Ronald Reagan llegó a insinuar a los trabajadores y desempleados de Detroit que sopesaran trasladarse a regiones más florecientes como Texas o Florida. La pérdida de población también se intensificó durante aquellas décadas. Entre 1970 y 1980, Detroit perdió más de 300.000 habitantes, mientras que entre 1980 y 1990 perdió otros 180.000. En suma, la ciudad perdió un tercio de su población en veinte años.

El crac de 2008 y la quiebra

En la década de 1990, la situación parecía estabilizarse relativamente tras los numerosos disturbios vividos en los años previos. La población siguió menguando aunque a un ritmo sensiblemente inferior al de las décadas anteriores (descendió en 75.000 personas). Sin embargo, la industria automovilística tendía cada vez más a la automatización de los procesos de fabricación y ello seguía reduciendo la mano de obra necesaria en las plantas, especialmente entre los obreros poco cualificados. Las bolsas de pobreza siguieron agrandándose hasta 2008.

Aquel año, el estallido de la Gran Recesión sería especialmente trágico para General Motors. El gigante automovilístico se declaró en bancarrota en 2009, lo que supuso un golpe mortal para Detroit. Aunque la compañía empezó a alzar el vuelo ya en 2010, la ciudad tenía cada vez más problemas para hacer frente a sus pagos. La tasa de paro oficial alcanzó el 18% en 2012 pero algunos analistas estimaron que el dato real podía ser bastante mayor. La merma en los ingresos públicos por la contracción de la actividad industrial y la marcha de muchos habitantes propició la suspensión de pagos de Detroit en 2013.

¿Cuál es la situación actual?

Contrariamente a los augurios más apocalípticos, la ciudad ha empezado a bucear hacia la superficie. La quiebra supuso la reducción de sueldos y pensiones que corrían a cargo del Ayuntamiento de Detroit y ello generó un agravamiento inicial de la situación. Sin embargo, la inversión privada está regresando y actualmente Detroit vuelve a ganar trabajadores, un fenómeno no visto en años.

Foto: @duha127

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