¿Qué es la privatización y cuáles son sus implicaciones?

La privatización es una práctica con la que el Estado cede al sector privado la titularidad de bienes o servicios hasta entonces considerados públicos.

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Una de las acusaciones más habituales a los gobiernos que tuvieron que lidiar con la Gran Recesión en toda Europa es la de que efectuaron numerosas privatizaciones en sus respectivos países. De este modo, la externalización de servicios y la venta de empresas públicas eran interpretadas prácticamente como sinónimos de privatización, a lo que también contribuían los recortes en el gasto público. Independientemente de si la crítica es rigurosa o no, es evidente que todo lo que concierne a la privatización de espacios otrora gestionados por el sector público genera bastante debate. Veamos en qué consiste esta práctica.

¿Qué es la privatización?

Como hemos introducido en el primer párrafo, la privatización se produce cuando una Administración pública cede la explotación de un servicio a una o varias empresas privadas. Dicho servicio era prestado por el sector público con anterioridad a la venta, de tal manera que ahora este deja de tener responsabilidad alguna sobre el mismo. También existe la privatización de bienes, que se produce cuando el Estado o sus representantes venden un activo de su titularidad. Aquí se incluirían desde empresas públicas enteras hasta espacios o instalaciones físicas.

¿Cómo se produce?

Existen múltiples maneras de llevar este procedimiento a la práctica dependiendo de la tipología del servicio o bien que se desee privatizar. Generalmente, los activos en cuestión se ofrecen al mercado mediante algún mecanismo de venta (subasta, generalmente), en virtud del cual los diferentes agentes privados que deseen participar en el proceso presentan sus ofertas. Aquí existe cierta polémica en torno a la transparencia del procedimiento, dado que no siempre los pliegos de la venta se publican debidamente. En los casos en los que solo se privatiza un servicio, es posible que se trate de una externalización temporal.

¿Por qué se privatiza?

Este es el aspecto más importante. Las motivaciones para llevar a cabo una privatización son muy variadas pero se agrupan, grosso modo, en dos grandes bloques: ideología y necesidades del Estado. En el primer caso, nos encontramos con una filosofía político-económica liberal que considera que el sector público está sobredimensionado y que hay que reducir el gasto. También puede pensarse que el sector privado está más capacitado que el público para ofrecer los servicios en cuestión o que los ciudadanos tienen derecho a poder elegir dónde quieren contratar esas coberturas.

En cuanto a las necesidades del Estado, aquí la venta se produce porque la Administración pública competente requiere imperiosamente de liquidez o, sencillamente, no puede seguir asumiendo el coste de ese servicio. En este escenario, la privatización se vente de cara a la opinión pública como el último recurso para evitar males mayores. Sea como sea, la privatización de servicios públicos es un proceso complejo que puede llegar a afectar a los consumidores, lo que amplifica la resonancia de la medida adoptada por el Gobierno.

Tipos de privatizaciones

Servicios y bienes constituyen la inmensa mayoría de privatizaciones pero conviene efectuar ciertas distinciones. Aunque solemos vincular una cosa con la otra, la externalización temporal de un servicio público no es una privatización en el sentido más estricto del término. También constituye una categoría especial la subcontratación, esto es, la concesión de la gestión de un servicio público o de una parte del mismo a una empresa privada (manteniendo el Estado su titularidad). Por último, la desregulación o liberalización comercial es una forma sutil de privatización al permitir una mayor competencia en sectores en los que también está presente el Estado.

Ejemplos prácticos de privatizaciones

Arrancando con el caso español, la principal oleada de privatizaciones que ha conocido nuestro país se produjo a finales de los años noventa. El Gobierno de José María Aznar vendió empresas públicas tan simbólicas como Telefónica, Repsol, Endesa, Indra o Red Eléctrica mediante distintos procedimientos (OPV, ventas mixtas y subasta). Previamente, Felipe González había marcado el camino con cerca de setenta privatizaciones entre 1984 y 1996. Tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy han recurrido en mucha menor medida a este sistema.

En el resto del mundo, quizá el caso más sonado de privatizaciones en cadena se produjo durante el prolongado Gobierno de Margaret Thatcher en Reino Unido (1979-1990). Telefonía, agua, luz, gas, transportes… Pocos ámbitos se salvaron de la intensa poda del sector público con la que la primera ministra conservadora logró que la deuda pública británica marcara mínimos que no han vuelto a verse.

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