¿Qué es la Curva de Laffer y cómo se expresa en la economía?

Arthur Laffer fue asesor económico de Ronald Reagan y formuló la teoría de que la reducción de impuestos no hacía descender excesivamente los ingresos fiscales.

laffer

El debate sobre la mejor política fiscal que puede aplicar un Gobierno es casi tan antiguo como la existencia misma de los impuestos. Socialdemócratas y liberales mantienen posturas casi antagónicas respecto a si el Estado debe procurar el mayor número de servicios posibles a sus ciudadanos (cobrando más impuestos, vaya) o si debe reducir su tamaño y alcance. Hoy ponemos nuestra lupa sobre un concepto controvertido y que se enmarca dentro de este amplio debate, la Curva de Laffer. Formulada a comienzos de los años ochenta, es uno de los argumentos más esgrimidos por los economistas liberales.

¿Cuál es el origen de la Curva de Laffer?

En la campaña de las elecciones presidenciales norteamericanas de 1980, los problemas económicos que atravesaba el país se convirtieron en los auténticos dominadores del pulso entre el presidente Jimmy Carter y el aspirante Ronald Reagan. La victoria del republicano supuso un claro cambio de sentido de la política fiscal, con una reducción generalizada de impuestos, especialmente los que gravaban directamente la actividad económica. Uno de los principales asesores del nuevo presidente era el economista Arthur Laffer, que ejemplificó los resultados de una política impositiva laxa con una curva.

¿Qué significa exactamente la Curva de Laffer?

Laffer aseguraba que una reducción de los impuestos podía significar el mantenimiento de la recaudación o incluso un ligero aumento de la misma. El sentido de este es que, a su juicio, los tributos elevados desincentivaban la actividad económica y provocaban una menor generación de ingresos por la caída del consumo. Por el contrario, un aligeramiento de la carga fiscal aumenta la renta disponible, lo que implica más capital para efectuar todo tipo de compras o inversiones. La lógica del proceso es que un marco tributario reducido crea un clima de confianza que, en última instancia, puede llevar a las Administraciones a recaudar más que con mayores tipos.

La formulación de la Curva de Laffer

En tanto que teoría, la Curva de Laffer se basa en cálculos apriorísticos sobre distintos escenarios. Así, en un contexto en el que los impuestos se ‘comieran’ el 100% de los ingresos, el consumo sería inexistente. En el otro extremo, un impuesto del 0% dispararía la inversión pero reduciría a cero los ingresos fiscales. Ambos parámetros, ingresos tributarios y consumo, suponen los ejes del gráfico donde se dibujará la curva.

De este modo, el aumento de los impuestos va reduciendo el consumo y, en consecuencia, va estrechando la base fiscal. Si, en cambio, se reducen los gravámenes, la inversión va incrementándose pero, al aumentar también el volumen total de ingresos fiscalizados, la caída relativa de los impuestos no conlleva una reducción proporcional de la recaudación. Ni que decir tiene que el planteamiento es tomado como un principio básico para cualquier economista que tiene como objeto de estudio la oferta, en contraposición a quienes se fijan más en la demanda.

La curva no existe…

Retomando el ejemplo de la Administración Reagan, la adopción de las medidas propuestas por Laffer se llevó a cabo en un contexto que, quizá, no recomendaba esa opción. La economía estaba entrando en recesión y, por ello, el consumo tendía a reducirse por mucho que bajaran los impuestos. Consecuentemente, la recaudación cayó sustancialmente y ello implicó un aumento del déficit público, que se multiplicó por tres entre 1980 y 1983. Aun así, hay que reconocer que, con impuestos más altos, la inversión se habría reducido más.

Por lo tanto, puede concluirse que la Curva de Laffer no se demostró veraz en el sentido de que una menor presión fiscal implicaba el mantenimiento de los ingresos tributarios. A partir de ahí, puede debatirse si es preferible que los impuestos se sitúen siempre bajos para que particulares, familias y empresas puedan disponer de mayores rentas. Sin embargo, cuando esto suceda, hay que aceptar que el Estado va a ver cómo sus ingresos menguan considerablemente, lo que obligará a reducir el gasto público.

… o tal vez sí

Aunque no constituyen una muestra demasiado representativa, sí que ha habido varios casos en los que la Curva de Laffer se ha revelado cierto. Por ejemplo, entre finales de los noventa y toda la primera década de los 2000, Canadá bajó de manera considerable los impuestos y la recaudación no se resintió en esa misma proporción. Para los partidarios de esta teoría, se trata de su confirmación. Para los críticos, un hecho totalmente aislado.

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