¿Qué es la banca y cuál es su función en la economía?

El sector bancario es uno de los pilares de la economía mundial y ejerce una influencia decisiva en todos los ámbitos imaginables.

banca

Tema polémico donde los haya. La banca es uno de los conceptos más utilizados no solo por parte de los economistas sino prácticamente por cualquier ciudadano de a pie. Generalmente, el término suele utilizarse como una formad de referirse al conjunto de los bancos, si bien las acepciones posibles son mucho más heterogéneas. Desde luego, las entidades financieras son algunos de los actores con mayor influencia en el devenir de cualquier economía y por ello su caracterización y explicación resultan claves para entender la realidad económica.

La banca, el negocio tradicional

La banca hace referencia al conjunto de entidades que se dedican a la concesión de créditos entre otras actividades propias de los negocios minorista y mayorista. Consecuentemente, entre su catálogo de servicios más habituales destaca la actividad crediticia y la gestión de cuentas de ahorros y depósitos. En cualquier caso, el asesoramiento financiero y la comercialización de productos de inversión más complejos forman parte también de su negocio más convencional. En este sentido, los bancos son los principales canalizadores de las inversiones en el mundo, en tanto la mayoría de usuarios considera su funcionamiento más comprensible que el de las firmas especializadas.

La función de la banca

La banca juega un papel fundamental en la economía merced al acuerdo tácito con los clientes. Los bancos se comprometen a proteger el dinero de los ahorradores a cambio de cierto tipo de interés (cada vez más menguante) y de utilizar dichos capitales para financiar los proyectos de otros clientes. De este modo, se contribuye a que el dinero circule con mayor fluidez y se puedan llevar a cabo inversiones que de otro modo serían impensables o, como mínimo, más reducidas. Por ello, la banca resulta casi imprescindible en la concepción actual de la gestión financiera.

Ello no implica que las funciones tradicionales de la banca no puedan ser reemplazadas por otros agentes. Las firmas especializadas en la inversión son la alternativa más clara en el ámbito de los grandes capitales (aunque en muchos casos se trata de bancos de inversión). De igual modo, cada vez son más las voces que piden que el negocio minorista clásico, el que se ocupa de las cuentas de ahorros y los depósitos, deje de presentar tintes monopolísticos. Las nuevas tecnologías y la digitalización del sector están contribuyendo a consolidar estas tendencias contra la banca convencional.

Las categorías en la banca

Existen diferentes criterios para clasificar a los bancos, como pueden ser el tamaño, el tipo de negocio o su funcionalidad. En primer lugar, la banca tradicional se divide en tres grandes categorías: banco, caja de ahorros y sociedad cooperativa de crédito. En un sentido estricto, solo el primer grupo pertenecería a lo que entendemos por banca, si bien esta precisión hace tiempo que quedó obsoleta. Los bancos son sociedad anónimas y su finalidad no es otra que la búsqueda de beneficios.

Por el contrario, a las cajas de ahorros se les presupone una finalidad más social, en tanto no deben presentar afán de lucro (no importa maximizar los resultados) y tienen que destinar parte de sus beneficios a fines sociales. Lógicamente, esta idílica concepción saltó por los aires en nuestro país en la primera década del s. XXI, cuando las cajas adquirieron funciones propias de la banca comercial. En cuanto a las cooperativas de crédito, consisten en instituciones financieras al servicio de sus socios, rigiéndose por el principio de ayuda entre iguales.

La imagen social de la banca

No es ningún secreto que la imagen de la banca difícilmente podría estar más deteriorada. Centrándonos en el caso de España, la oleada de rescates de 2012, las malas prácticas de las antiguas cajas de ahorros y las ejecuciones hipotecarias (desahucios) han incrementado sustancialmente la impopularidad del sector. A día de hoy sigue considerándose que la banca dispone de una serie de beneficios que no están al alcance de otros negocios, por lo que se le atribuye una posición de privilegio dentro de la economía.

En el contexto internacional la situación no es mucho mejor. Tradicionalmente, algunos de los grandes colapsos financieros de todos los tiempos han llegado o se han iniciado en el sector bancario. Desde la quiebra de Jay Cooke and Company en 1873 hasta la de Lehman Brothers en 2008, las bancarrotas de las entidades financieras han creado turbulencias inimaginables en el conjunto de la economía. El temor popular resulta pues justificado.

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