Qué es el IPC y qué implicaciones tiene en la vida diaria

El Índice de Precios al Consumo es un indicador estrechamente vinculado con la salud económica de un país al medir la evolución de los precios y condicionar muchas decisiones.

ipc

El IPC (Índice de Precios al Consumo) es uno de los indicadores macroeconómicos más importantes por su impacto directo en el día a día de las personas. Se trata del índice que se toma como referencia para analizar la evolución de los precios en un país, por lo que cuando sube o baja se interpreta como un movimiento generalizado en los precios. Si se sitúa en terreno positivo es que los precios han subido durante el periodo acotado y si está en negativo es que han bajado. Con todo, su funcionamiento esconde bastantes peculiaridades.

¿Cómo se calcula?

De cara a efectuar los cálculos, el IPC toma como referencia lo que se conoce como una ‘cesta de la compra’. En esta muestra entrarían los productos de consumo que se consideran más representativos, estableciendo que las variaciones que estos experimentan serán compartidas por el resto. Lógicamente, su fiabilidad no es absoluta, en tanto que podría darse un movimiento brusco en un determinado producto que no tenga traducción en los demás. Para evitar estos riesgos se suelen recalcular las proporciones de cada producto medido según la coyuntura económica. Desde 2002, todos los países de la Unión Europea han armonizado sus criterios.

¿Qué productos configuran el IPC?

Los productos o servicios que entran dentro de la ‘cesta de la compra’ quedaron definidos en 2002 de este modo: alimentación y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas, alquiler de viviendas (pero no la compra de inmuebles, algo que genera cierta polémica), artículos domésticos, moda, servicios de comunicación (Internet, teléfono…), servicios de transporte (aquí entrarían también la compra de vehículos y el consumo de combustible), servicios de educación, actividades recreativo-culturales, gastos de viajes (hoteles, restaurantes…), servicios sanitarios (incluye medicinas) y servicios y bienes indefinidos. Como puede verse, el abanico de variables es notable y abarca prácticamente todos los ámbitos de consumo.

No obstante, esta composición del IPC presenta dos grandes inconvenientes. En primer lugar, no toma en consideración las variaciones en el precio de la vivienda. Aunque la compra de inmuebles no pueda considerarse un hábito de consumo representativo, sí tiene la suficiente importancia como para incidir en la evolución general de los precios (al menos en un porcentaje relativamente modesto). El segundo problema es que no distingue por calidades dentro de una misma categoría. Así, es posible que suban los precios de determinadas marcas de alimentación y desciendan los de otras, arrojando un dato medio que no es preciso.

¿Cuál es el IPC de España?

Con estos criterios en la mente, es el momento de ver cómo ha evolucionado el IPC en España en los últimos tiempos. Desde octubre de 2012, cuando se situaba en el 3,5% interanual, el IPC ha iniciado una senda bajista que le ha llevado a cerrar numerosos meses en negativo. El peor dato se obtuvo en enero de 2015, cuando se anotó un -1,3%. Con todo, en los últimos 50 años solo ha acabado un ejercicio (2014) en terreno negativo. El año pasado cerró plano.

¿Qué implicaciones tiene el IPC en la economía diaria?

Cuando este indicador se sitúa en niveles positivos moderadamente razonables (entre el 2% y el 3%), es sinónimo de un periodo de fluctuaciones suaves en los precios. Esto también puede suponer una evolución relativamente alcista de los salarios, pero aquí entrarían más variables como la situación del mercado laboral o las perspectivas económicas en general. En estos momentos, los bancos centrales (Reserva Federal y BCE, principalmente) persiguen devolver a los decaídos mercados occidentales a tasas de inflación cercanas al 2%.

Por el contrario, cuando el IPC se mueve en valores negativos puede denotar contracción económica y puede influir en bajadas salariales. Cuando la situación es particularmente grave, solemos hablar de deflación, una coyuntura en la que precios y salarios tienden a bajar a modo de círculo vicioso. No obstante, no siempre que el IPC está en negativo es apropiado hablar de deflación. En estos momentos, por ejemplo, la inflación es persistentemente baja o negativa por el desplome de los precios del petróleo y las materias primas.

El IPC se usa o se ha utilizado en distintos modelos de cálculo para aprobar prestaciones, retribuciones o gastos. Antes de las últimas reformas, las pensiones y los salarios podían vincularse en muchos casos a la evolución del IPC. Actualmente, la ruptura de esta vinculación beneficia a los pensionistas porque al revalorizarse un 0,25% su pensión han evitado perder valor adquisitivo. En cualquier caso, está por ver si se aprobarán alzas mayores cuando el IPC alcance los niveles deseados.

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