Pulso entre Estrasburgo y Bruselas a cuenta del plan Juncker

El Parlamento Europeo pide que el plan Juncker se dote a partir del presupuesto ya acordado, mientras que la Comisión Europea exige financiación adicional.

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De manera habitual, cuando se habla de Bruselas o las instituciones comunitarias suele hacerse referencia a un bloque compacto en el que todos sus miembros y organismos funcionan como un reloj bien engrasado. Un mirada más exhaustiva nos demuestra que cuerpos como la Comisión Europea (CE), el Eurogrupo o el Consejo Europeo no siempre coinciden a la hora de aplicar las medidas más importantes. La preparación del plan Juncker ha vuelto a dejar en evidencia las discrepancias en los grandes temas, algo nada tranquilizador.

La CE insiste en que el plan debe ser lo más ambicioso posible, para lo cual su presidente, Jean-Claude Juncker, exige financiación adicional. Ocurre, sin embargo, que la comisión carece de autonomía para elevar unilateralmente el presupuesto de sus actuaciones, que debe ser refrendado necesariamente por el Parlamento Europeo. A pesar de haber apoyado la puesta en marcha del plan, los parlamentarios no se muestran tan receptivos a la hora de aprobar nuevas dotaciones e insisten en que los fondos del programa se extraigan del presupuesto ya acordado. Juncker lo ve insuficiente.

A juicio de los responsables de las principales carteras de la CE, tomar los recursos necesarios para el plan directamente del presupuesto general de la UE provocará anular las partidas aprobadas para política industrial, infraestructuras e I+D. Aunque todos estos temas se tocan en los objetivos del programa, la CE entiende que si lo que se invierte por un lado se recorta por otro se anula en gran medida su utilidad. La negativa del parlamento ha llevado a Juncker a lanzar un órdago: o flexibiliza su posición o se cancela el plan.

Cabe destacar que el rechazo a aumentar el presupuesto comunitario está muy generalizado entre los parlamentarios, incluyendo a los diputados del Grupo de los Socialistas y Demócratas Europeos, a quienes se les presupone mayor afinidad con las políticas de estímulo. La negativa se repite entre los conservadores y la mayoría de euroescépticos, por lo que Juncker deberá consensuar una postura común con los líderes de cada grupo. Por ahora el acuerdo parece lejano.

Vía: El País

Foto: euranet_plus

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