Puerto Rico reconoce que su deuda es impagable

El Estado Libre Asociado confiesa que tiene un grave problema con el endeudamiento y pide ayuda a Estados Unidos para sanear financieramente el país.

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En una semana marcada por la crisis griega y el referéndum que decidirá si el país acepta o no la última propuesta de rescate planteada por la troika, en una parte muy lejana del mundo también hay un gobierno que reconoce que la deuda se ha comido al país. Nos referimos a Puerto Rico, un Estado Libre Asociado a Estados Unidos que mantiene un estatus prácticamente único en el mundo. En las últimas semanas, el Ejecutivo de la isla ha reconocido que la deuda es impagable.

Alejandro García Padilla, gobernador del país, aprovechó una entrevista con The New York Times para lanzar un mensaje de auxilio a Estados Unidos. Según las palabras de García, Puerto Rico ha alcanzado unos niveles de endeudamiento que hacen inviable la continuidad de esta situación sin ayuda externa y sin la adopción de medidas excepcionales (el fantasma de las quitas planea, pues, en el ambiente). Menos locuaz fue el gobernador a la hora de analizar las causas de este grave problema, achacándolo principalmente a factores exógenos.

Ciertamente, Puerto Rico se beneficia de una serie de ventajas muy evidentes por el hecho de mantener una relación tan estrecha con Norteamérica, contando con condiciones muy ventajosas para la circulación de personas, mercancías y capitales. No obstante, su estatus implica que no tenga capacidad de influir sobre lo que se decida en Norteamérica. Su único representante en el Congreso tiene voz pero no voto y los puertorriqueños tampoco pueden participar en las elecciones presidenciales. De igual modo, las ayudas de la Reserva Federal no alcanzan al país.

Esta ha sido, precisamente, la circunstancia que más ha perjudicado a Puerto Rico en los últimos tiempos. Mientras Estados Unidos veía cómo la Fed inundaba de liquidez los mercados (con los efectos secundarios que ello conlleva), la isla carecía de acceso a instituciones que absorbieran sus bonos de deuda. Por otro lado, la vinculación con el dólar propicia que si Norteamérica funciona el billete verde sea excesivamente fuerte para Puerto Rico. En definitiva, un cúmulo de causas con un desenlace incierto.

Vía: El Nuevo Día.

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