Moody's rebaja la calificación española de Aa1 a Aa2

De AA1 a AA2 y con perspectiva negativa. Ese es el juicio de la agencia de clasificación Moody’s, que se ha convertido en el azote de los estados miembros desde que empezase la crisis. De hecho, y si hasta hace poco nadie conocía a esta compañía, en estos momentos el nombre de Moody’s se vive con expectación porque parece ser el baremo con el que los mercados conceden o no su confianza a cada uno de los países afectados. Si en diciembre de 2010 la agencia anunció una bajada en la calificación española debido a las dudas sobre la sostenibilidad de nuestro sistema bancario, ahora tal rebaja se hace efectiva pese al esfuerzo del Ejecutivo por remodelar el sector.

Es precisamente en este punto donde Moody’s no ve claro que España deba mantener su puesto relativamente privilegiado ya que, según expresa Europa Press, los costes de dicha reestructuración bancaria, estimados entre los 40.000 y 50.000 millones, podrían sobrepasar la capacidad del Gobierno e incrementarse más de lo debido. Este repunte no previsto iría directamente a formar parte de la deuda pública, engrosando un porcentaje que no debe crecer por ninguno de los modos.

Elena Salgado durante la convención de ministros de Finanzas / Getty Images

Otro de los asuntos capitales en el descenso español del ráting es la relación con las autonomías. Como ya adelantamos aquí, solo Madrid cumple con holgura el control del déficit impuesto desde el Gobierno central. Esta imposibilidad de reequilibrio del PIB por comunidades puede salirnos muy cara, o al menos así lo ve Moody’s, que desconfía de la capacidad española para alcanzar un crecimiento sostenible ya que, a su juicio, no es posible ejercer un control efectivo sobre cada una de las comunidades autónomas, teniendo en cuenta los límites en cuanto a competencias y autogestión.

Este escepticismo ha propiciado también la rebaja del ráting del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), de AA1 a AA2, igualmente con perspectiva negativa, ya que la deuda del fondo depende invariablemente de las garantías que pueda ofrecer en Gobierno de España. Un mal momento, el presente, para hablar de desconfianza. Precisamente cuando la vicepresidenta Elena Salgado y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se encuentran en Estados Unidos buscando alianzas y apoyos para la conversión de las cajas de ahorros.

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