Luces y sombras de la reforma fiscal de Donald Trump

La Administración Trump quiere reducir considerablemente los impuestos a las grandes empresas y el IRPF. Sus críticos anticipan un mayor endeudamiento y menos gasto social.

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Este fin de semana se han cumplido los primeros cien días de la presidencia de Donald Trump, quizá, el presidente norteamericano más controvertido del último siglo. Durante estos algo más de tres meses, el magnate se ha caracterizado por la aplicación de una agenda política más bien ecléctica. De hecho, los analistas coinciden en señalar que no hay una hoja de ruta clara en prácticamente ninguna área del gobierno. Tras el freno a su reforma sanitaria (con el rechazo de su propio partido), Trump acaba de presentar un ambicioso proyecto de reforma fiscal. Veamos qué es lo que plantea.

¿La mayor bajada de impuestos de la historia?

Es el titular con el que el propio presidente acompañó la presentación de su programa fiscal y, ciertamente, tiene gran parte de razón. Hablamos de un recorte del Impuesto de Sociedades del 35% al 15% como medida estrella dentro del plan, con el que se pretende incentivar la actividad económica y facilitar el crecimiento de las empresas. En una línea muy similar se enmarca la reducción de las tasas que las compañías tienen que abonar por la repatriación de los capitales que actualmente tienen en el extranjero.

Sobre este último aspecto se habla de una rebaja considerable, dado que a día de hoy la repatriación de capitales se grava con un 35% y el plan de Trump lo reduciría al 10%. A todo lo anterior cabe añadir la bajada del tipo máximo del IRPF, que pasará del 39,5% al 35%. No será el único cambio que afecte a los impuestos sobre la renta, dado que los actuales siete tramos en los que se divide este tributo se reducirán a tan solo tres: 10%, 25% y 35%. Asimismo, el Impuesto de Sucesiones será eliminado.

Las ventajas del plan

Ni que decir tiene que un plan encaminado a reducir la presión fiscal a empresas y familias (los ingresos máximos exentos de tributación aumentarán a 24.000 dólares) plantea notables beneficios para la economía nacional. Es de esperar que el aumento de la renta disponible incentive el consumo y fomente el ahorro. También podría propiciar un repunte de la contratación y alzas salariales, si bien no está claro qué colectivos serían los más beneficiados. Las grandes fortunas parecen, a priori, las que más tienen que ganar si se aplicara finalmente el programa del presidente.

Los inconvenientes del plan

La primera gran duda que suscita el programa fiscal de Trump es si este es o no viable. La agencia Tax Policy Center ha hecho sus cálculos y cree que la recaudación tributaria se reduciría en 6,2 billones de dólares durante los próximos diez años (a razón de más de medio billón de dólares al año). Paralelamente, la deuda pública se dispararía en más de 7 billones de dólares. Unas cifras que dejan claro que el programa es manifiestamente inviable si no se toca el gasto público.

Y dado que nadie espera que la Administración Trump provoque la quiebra del Estado en pocos años, todo apunta a que se recortará notablemente el presupuesto federal. Aquí es donde nacen la mayoría de polémicas puesto que la reducción del gasto social provocaría importantes daños a los colectivos menos pudientes. De este modo, los beneficios de las rebajas impositivas serían claramente superados por el impacto de la reducción de las ayudas y de los programas asistenciales. Desde el Gobierno se insiste en que el crecimiento del PIB contribuirá a nivelar el presupuesto.

¿Saldrá adelante la reforma?

Al igual que sucedió con su fallida reforma sanitaria, el presidente deberá convencer al Congreso para que este dé su visto bueno. Aunque ambas cámaras estén claramente dominadas por los republicanos (la Cámara de Representantes es republicana desde 2010 y el Senado desde 2014), ello no es ninguna garantía de que la reforma sea aprobada. La derecha considera que se trata de un programa de puro keynesianismo fiscal, provocando un agujero presupuestario inasumible y un déficit galopante.

Para la izquierda, en cambio, el plan supone un golpe directo contra los sectores más desfavorecidos, que podrían ver notablemente empeorada su situación. En la presentación de la reforma se ha insistido en que estos colectivos no tienen nada que temer pero lo cierto es que la reforma conllevará un tijeretazo importante del gasto público. También cree que se facilita que los grandes empresarios reinviertan su capital en sus sociedades para reducir su factura fiscal.

Vía: BBC.

Foto: © realinemedia

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