Los españoles castigan al bipartidismo sin enterrarlo

El PP se impone en las elecciones generales pero tendrá muy difícil la formación de un gobierno estable. Podemos no supera al PSOE pero desembarca con fuerza.

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La expectación era mayúscula y gran parte de Europa contenía incluso la respiración ante lo que podían deparar las urnas españolas. Las elecciones generales del pasado 20 de diciembre dibujan un panorama inédito en nuestra historia democrática pero no han supuesto la defenestración anunciada del bipartidismo (o, al menos, de una de sus dos patas clásicas). El Partido Popular ha ganado los comicios con una ventaja relativamente cómoda a pesar de quedarse con una mayoría parlamentaria muy exigua (poco más de un tercio del Congreso). El PSOE evita el ridículo, Podemos entra con mucha fuerza y C’s no cumple sus expectativas.

El PP se ha hecho con el 28,7% de los votos (7,2 millones de sufragios) y contará con 123 diputados en el futuro parlamento. La sensación anoche en la sede nacional de la calle Génova era de cierto alivio, porque se había superado lo anunciado por casi todas las encuestas, pero también de preocupación por la dificultad de formar gobierno. Las cuentas no salen porque C’s no ha estado a la altura de lo esperado y la postura que adopte el PSOE será decisiva para ver si Mariano Rajoy conserva o no la presidencia.

La formación conservadora ha cumplido sus cuatro objetivos básicos de la campaña: acercarse al 30% de los votos, superar los 120 escaños, alcanzar los 7 millones de apoyos ciudadanos y conservar la mayoría absoluta en el Senado. En la Cámara Alta, el PP ha rentabilizado al máximo el hecho de ser el partido más votado en 38 de las 52 circunscripciones electorales y dispondrá de 124 de los 208 asientos. No se trata de una cámara con muchas atribuciones pero daría algo de margen a un eventual gobierno ‘popular’. En cualquier caso, la sangría de votos y diputados no puede relativizarse.

El PP ha perdido casi 3,5 millones de votos y 62 escaños en tan solo cuatro años. Solo el hundimiento del PSOE y la ley electoral española han contribuido a minimizar el golpe electoral. Los ‘populares’ se han impuesto en 13 de las 17 comunidades autónomas más Ceuta y Melilla, consiguiendo resultados muy meritorios en Madrid, Valencia, Galicia y ambas Castillas. Por el contrario, su presencia en Cataluña y Euskadi ha sido poco menos que testimonial, evidenciando, de paso, la notable fractura abierta en la sociedad española respecto al modelo territorial del país.

¿Y cómo queda la, en teoría, oposición? El PSOE evita el ‘sorpasso’ de Podemos al conseguir el 22% de los votos (5,5 millones de papeletas) y 90 escaños. No obstante, los socialistas se han mostrado excesivamente dependientes de sus resultados en Andalucía y Extremadura, únicas comunidades en las que vencen. En el resto de regiones, el descalabro de la candidatura de Pedro Sánchez es histórico, siendo cuarta fuerza en Madrid y tercera en Valencia, Galicia y Baleares. Podemos le ha ganado claramente en las grandes ciudades.

Podemos y sus aliados nacionalistas gallegos, valencianos y catalanes se han destapado como los grandes vencedores de la noche pero también se quedan algo por debajo de sus ambiciosas pretensiones. El 20% de los votos y los 69 diputados se traducen en un desembarco muy potente en el Congreso, llevándose, además, la primera plaza en Cataluña y Euskadi (aunque aquí en diputados vence el PNV). También superan con holgura al PSOE en la Comunidad Valenciana aunque se anotan unos resultados bastante decepcionantes en Madrid, donde son segundos pero muy lejos del PP.

Ciudadanos registra, a priori, el resultado más agridulce de la jornada. Sí, al igual que Podemos no tenía ni un solo diputado y ahora entra con 40 (13,9% de los votos). Los objetivos, sin embargo, eran bastante mayores y se creía que la figura de Albert Rivera arrastraría más apoyos. Han superado al PSOE en Madrid y han demostrado bastante solidez en las dos Castillas y la Comunidad Valenciana. Por el contrario, se les presuponía un mejor resultado en Cataluña y son prácticamente irrelevantes en todo el norte peninsular.

En definitiva, el panorama político que se abre en España solo puede calificarse como caótico. Las opciones de gobierno son muy pocas: gran coalición entre PP y PSOE (posibilidad bastante remota), gobierno en minoría de PP y C’s (que requerirá de la abstención socialista en la investidura) o gobierno de seis o siete partidos izquierdistas con PSOE y Podemos profundamente atenazados por las presiones nacionalistas. La función no ha hecho más que comenzar…

Foto: nobelio / Shutterstock.com

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