Los economistas con la soga al cuello

Según parece, la reina de Inglaterra ha hecho la pregunta que todos tenemos en la cabeza desde que comenzó la crisis: ¿Cómo es que nadie había previsto la crisis?. fue la pregunta que hizo a los presentes en una visita que hizo en noviembre del año pasado en la famosa London Business School. La respuesta ha tardado en producirse pero ya tenemos un avance en forma de carta de tres páginas publicada por The Observer, la flor y nata de los economistas británicos reconocen que la profesión y los espíritus libres que giran en su órbita han fracasado.

¿Y en España? Como dice la canción de los Mojinos Escozíos: «mi marío estaba cagando» en el mejor de los casos, en el peor de los casos les entra la soberbia, en el mejor miran para otro lado, la autocrítica no sirve de mucho en este país en que nadie tiene la culpa de nada nunca. Al parecer iban discutiendo cada movimiento, pero en ningún caso sospecharon que todo estaba conectado (subprime, burbuja inmobiliaria, exceso de liquidez, consumo exhacerbado) y que el barco hacía aguas.

Maurice Allais

Maurice Allais

Maurice Allais, Nobel francés de economía, afila el diente para declarar que ningún economista actual tiene el valor necesario como para poner en duda la naturaleza de la tiranía ejercida por lo que denomina como un grupo de fanáticos en plena guerra contra la innovación. Los denomina los sepultureros del progreso.

Si bien es cierto que no hace comentarios directamente a la quiebra actual de los economistas, deploró la «excesiva especialización«. Según él, «con demasiada frecuencia nos olvidamos de que sólo en la forma de un enorme esfuerzo de síntesis que las ciencias sociales pueden hacer grandes progresos». Lo que necesitan los economistas es tener una amplia visión de la historia, la sociología, las ciencias políticas y la psicología. La crisis no ha hecho más que empezar.

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