Lecciones fiscales desde Canadá

El Impuesto de Sociedades canadiense ha pasado del 40% en el año 2000 al 25% en la actualidad pero la recaudación se ha mantenido intacta.

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Canadá es un país fascinante en muchos sentidos. Una naturaleza desbordante, una economía sólida y una sociedad acogedora y emprendedora son algunos de los principales puntales del Gran Norte Blanco. En los últimos tiempos, Canadá ha sumado un nuevo atractivo a su larga lista de virtudes al comprometerse con las políticas de equilibrio presupuestario, racionalidad administrativa y fomento de la libertad económica. Un complejo catálogo de medidas que han consolidado la economía nacional sin causar ningún tipo de conflictividad social o repunte de la pobreza.

Uno de los pilares de este guión ha sido la política fiscal. Los gobiernos canadienses de los últimos quince años han seguido la norma tácita de tratar de bajar los impuestos siempre que ello sea posible. Esta tendencia, que se agudizó tras la llegada al poder del Partido Conservador, puede comprobarse mediante los datos de la evolución de los tipos impositivos y de la recaudación fiscal. No en vano, Canadá es la demostración práctica de la llamada curva de Laffer, que asegura que ciertas reducciones fiscales elevan la recaudación.

En el año 2000, el Impuesto de Sociedades se situaba ligeramente por encima del 40%, un tipo considerablemente elevado a pesar de que veinte años antes era del 50%. En ese momento, el gobierno liberal comenzó a bajar este y otros tributos hasta dejarlo en el 35% en 2006, año en que perdió las elecciones. Los siguientes ejecutivos de Stephen Harper siguieron esta hoja de ruta y en la actualidad dicho impuesto se ha quedado en poco más del 25%.

Esta situación no ha evitado que la recaudación fiscal se haya mantenido siempre por encima de la variación de los tipos impositivos. Así, los ingresos del Estado por esta vía han registrado cifras de crecimiento de como mínimo el 2,5% durante estos quince años (incluyendo varios ejercicios por encima del 3%). La política fiscal canadiense se sitúa en las antípodas de las recetas seguidas en Europa en ese apartado (con contadas excepciones). El equilibrio norteamericano entre importaciones y exportaciones es otro logro macroeconómico ausente en Europa.

Vía: Libre Mercado.

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