La eterna huida hacia adelante de Japón

La deuda de Japón se ha multiplicado por cinco desde 1980 sin que un solo gobierno haya abordado la cuestión ni renunciado a seguir aumentando el gasto.

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Hace veinticinco años, la economía japonesa se vio sacudida por el estallido de una gigantesca burbuja crediticia hinchada desde comienzos de la década de 1980. Tras décadas de crecimiento económico relativamente constante, Japón veía amenazada su prosperidad por una elevada exposición al endeudamiento tanto en el ámbito privado como, muy especialmente, en el público. No en vano, la deuda del Estado pasó de representar el 52,37% del PIB nacional en 1980 al 68,96% apenas cinco años más tarde. La escalada sin embargo apenas había comenzado.

En 1995 el endeudamiento alcanzaba ya el 95,07%, en 2005 se había disparado hasta el 186,44% y en 2012 se confirmó que Japón era el país más endeudado del mundo al tener comprometido el 237,35% de su PIB en deuda. Frente a esta realidad, insostenible a largo plazo incluso para una economía tan productiva como la japonesa, los distintos gobiernos que se han ido sucediendo durante las últimas décadas han optado por la misma receta: más gasto público y subidas de impuestos puntuales cuando la situación parecía desbordarse.

La llegada al poder de Shinzo Abe en 2012 se presentó como un punto de inflexión en el particular descenso a los infiernos de Japón. Bajo el pomposo nombre de ‘Abenomics‘, el nuevo primer ministro presentó un programa que pretendía dar continuidad a la expansiva política monetaria pero incluyendo importantes reformas estructurales. Ciertamente, el gasto ha seguido subiendo, la masa monetaria prácticamente se ha duplicado pero las grandes reformas han brillado por su ausencia.

Como no podía ser de otro modo, la apuesta de Abe no solo no ha relanzado lo más mínimo la economía japonesa sino que incluso ha agravado extraordinariamente la recesión. Entre abril y junio de 2014 el PIB ha caído un 6,8% en comparación con el año anterior, el peor dato desde el terremoto y posterior tsunami de 2011. Paralelamente, el ejecutivo conservador decidió subir notablemente el IVA desde el 5 hasta el 8%. En definitiva, Japón va camino de sumar otra década perdida por abrazar el keynesianismo.

Vía: Libre Mercado

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