La Deflación

De manera casi surrealista, es peor el escenario de una vertiginosa caída en los precios que el de una subida en los mismos. La delfación es un terrible fenoméno económico, muy temido por los gobiernos y economistas. Lamentablemente para todos, parece que nos estamos insertando en un momento así, por lo que es importante estudiar y analizar los casos y soluciones que se han venido presentando.

La caída generalizada del nivel de los precios de bienes y servicios en una economía es conocida como el fenómeno de la deflación, contraria a la inflación. Al presentarse el desplome de precios prolongadamente durante varios periodos, por lo menos dos trimestres, se entiende que se enfrenta un proceso de deflación en la economía. Por lo tanto, el derrumbe de precios en sectores determinados o que se produzcan de forma específica no se entienden como deflación.

Generalmente, la deflación es causada por la disminución de la demanda, esto la hace un fenómeno más difícil y peligroso que la inflación, pues una vez caída la demanda, significa el desplome de la economía.
La deflación puede dar inicio a un círculo vicioso difícil de superar. Los efectos de este fenómeno sobre la actividad económica son negativos y devastadores. Un declive de los precios  perjudica los resultados empresariales,  ya que las empresas productoras tienden a vender sus bienes y servicios a menores precios para cubrir sus costos de producción. En tal circunstancia las empresas tienden a trabajar con un margen de contribución bajo, recortes en inversión y por ende disminución en la demanda, logrando que  muchas de éstas no se recuperen culminado el fenómeno.

El círculo vicioso de la deflación hace que ésta se convierta en causa y efecto a la vez pues con la falta de circulación del dinero en la economía los consumidores prefieren retenerlo. Con los precios disminuyendo de forma prolongada y generalizada, la demanda se reduce notoriamente, debido a que los consumidores comprenden que no vale la pena comprar si al pasar los días todo va a ser más barato y asequible. Situación  totalmente diferente cuando existe inflación pues los consumidores se apresuran a invertir en bienes y servicios antes de que los precios continúen subiendo, lo cual estimula más el incremento de los precios.



Para enfrentar la deflación existen dos alternativas a recurrir. La primera es una política monetaria expansionista, entendida esta como una mayor emisión de dinero, que hagan que el valor del mismo disminuya. Esto se logra colocando más dinero en circulación, lo que ayudado con la disminución de la tasa de interés, logran incentivar el crédito de consumo y de inversión que reactivan la demanda, puesto que ya no es conveniente tener el dinero en entidades financieras, razón por la cual las personas prefieren invertir el dinero o gastarlo.

La otra manera de superar un proceso de deflación es con una política fiscal que aumente el gasto y la inversión pública, que tenga también una fuerte reducción de los impuestos, y un marcado incremento de las trasferencias. En la primera circunstancia se pretende suplir la ausencia de demanda en el sector privado con la del sector público. Éste a su vez se convierte en un importante generador de empleo, lo cual es una alternativa bastante positiva durante el fenómeno de la deflación, puesto que con este proceso siempre llega el desempleo. En el siguiente caso, la reducción de impuestos conlleva a más dinero para gastar en manos del sector privado promoviendo el consumo. El incremento en las trasferencias es una alternativa para descentralizar el consumo público ya que éstas se realizan a las diferentes entidades descentralizadas como los departamentos, municipios y distritos.

Para muchos consumidores la deflación puede resultar a simple vista positiva pero este concepto inevitablemente cambiara al observar las terribles consecuencias que traen consigo el cierre de empresas y el forzoso desempleo. Y aunque los precios estén bajos muchos no contarán con los recursos suficientes para adquirirlos o preferirán no gastarlos a la espera de mejores precios.
Afortunadamente este fenómeno no ha sido tan común y solo se han registrado dos casos importantes: el primero fue la depresión norteamericana , y el segundo tuvo ligar en Japón a mediados de los 90 hasta la actualidad.

El caso japonés es verdaderamente preocupante y de mucho estudio, puesto que demostró que en algunos momentos, los instrumentos tradicionales que tenemos para activar la economía, pueden llegar a ser totalmente inútiles. Japón hizo lo que había que hacer para salir de la recesión causada por el estallido de la burbuja inmobiliaria, no teniendo ningún efecto en su economía.

Japón estaba en un proceso deflacionario al que atacó con tasas de interés cero, con más gasto e inversión, y que no ayudó para nada. Una de las razones que pudieron haber hecho que las recetas keynesianas de política económica no funcionaran, es la inmensa capacidad de ahorro que tiene este país asiático. El mejor ataque para la deflación es el consumo, pero los japoneses no son tan buenos para eso.

El escenario japonés es importante traerlo a colación, puesto que la actual crisis financiera internacional tiene algún parecido con esto, tanto en sus causas como en su desarrollo. La Fed ha sido sumamente activa y dura a la hora de tomar decisiones que ataquen el fenómeno que actualmente se desarrolla, y durante un tiempo los resultados no fueron los esperados, generando un miedo tremendo en el mundo entero, puesto que parecía que los instrumentos con los que contamos para atacar una crisis de estas, no estaban mostrando resultados.

No obstante, cuando Japón estaba en su peor momento, y nada parecía poder ayudarlo, Krugman salió con una solución increíble y revolucionaria, que no se alcanzó a aplicar. Decía el premio Nobel que se debería insertar tasas de interés negativas en Japón, con tal de obligar a sus ciudadanos a que consumieran. Una solución que no se ha utilizado y que puede que vaya a encontrar su coyuntura. Ojalá y así no sea.

Así mismo, es importante entender que la deflación bien estudiada es una oportunidad inmensa para las personas con capital y riesgosas. ¿La razón? Una economía en deflación en sencillamente el mejor momento para comprar. El problema por su puesto radica en el cuándo comprar, pero las personas con inteligencia y mucho conocimiento económico lo logran saber.

En la actualidad, es interesante ver lo que Warren Buffet hace, dado que está comprando e invirtiendo en cuenta empresa haya en crisis. Mientras todo el mundo sale a vender, el magnate norteamericano compra como desenfrenado, por lo que cuando la situación se restablezca, el hombre más rico del mundo se convertirá en el hombre más rico de todos los tiempos.

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