La corrupción como agravante de los problemas económicos: el caso de Brasil

Los tres últimos presidentes brasileños están siendo investigados por su participación en una trama de corrupción que habría movido más de 2.400 millones de euros. El país sigue en recesión.

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El proceso de destitución de la expresidenta brasileña Dilma Rousseff fue particularmente sonado porque implicaba reemplazar a una mandataria salida de las urnas por motivos de corrupción. Dicho de otro modo, el parlamento brasileño corregía la decisión popular de reelegir a Rousseff amparado en los numerosos escándalos que salpicaban a la dirigente ‘carioca’. Sin embargo, la corrupción no se limitaba, ni mucho menos, a la figura de Rousseff, hasta el punto de planear sobre la misma institución de la presidencia y explicar buena parte de la recesión brasileña.

Los tres últimos presidentes de la mayor economía latinoamericana -Lula da Silva, Rousseff y Michel Temer- están absolutamente salpicados (empapados, más bien) por escándalos de todo tipo aunque con un denominador común, Petrobras y la gestión de los cuantiosos recursos naturales del país. En conjunto, hablamos de una gigantesca trama que trasciende los límites de los partidos y que se remonta, como mínimo, a 2003. Una red de sobornos, pagos opacos, redes clientelares y ocultación de información investigada desde 2014 en el marco de la Operación Lava Jato.

Como siempre en estos casos, la cantidad total defraudada o movilizada de manera ilícita es muy difícil de precisar, si bien las estimaciones más razonables hablan de un mínimo de 2.400 millones de euros. Por supuesto, a las figuras públicas caídas en desgracia se le suma una notable relación de detenciones en el ámbito empresarial, siendo particularmente célebre el caso del constructor Odebrecht. Este magnate habría pagado cerca de 800 millones de euros en sobornos en más de una decena de países, lo que amplifica la dimensión de la trama.

Y mientras la justicia brasileña actúa sobre las élites del país, la ciudadanía sufre la mayor crisis económica en varias décadas. En 2015, el PIB cayó un 3,8%, mientras que en 2016 lo hizo en un 3,6%. Más profunda resulta todavía la caída de la renta per cápita, que ha pasado de los 9.624 euros de 2012 a los 7.884 euros de 2016. El déficit público se ha multiplicado por tres desde 2013.

Vía: elEconomista

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