Hollande da marcha atrás en su ‘cruzada’ fiscal

Francia no renueva el polémico tipo impositivo del 75% de IRPF a las rentas más altas por la escasa recaudación y la fuga de capitales.

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Entre las propuestas más habituales que se escuchan entre la izquierda política durante las campañas electorales ocupa una posición muy destacada la promesa de una fiscalidad más justa. Esta propuesta, lejos de suponer una bajada de impuestos a los sectores más productivos y a los colectivos más desfavorecidos, se reduce a elevar considerablemente la presión fiscal sobre las rentas más altas. El discurso de François Hollande durante la campaña electoral francesa de 2012 no fue una excepción y, tras su victoria, comenzó a aplicar estas medidas.

El líder socialista comenzó a aplicar un tipo impositivo del 75% en concepto de IRPF a aquellas personas físicas con ganancias superiores a un millón de euros al año. El impuesto, que establece que tres cuartas partes de lo percibido por una persona vaya a parar directamente a las arcas del Estado (más lo que se lleva a través de los impuestos indirectos), levantó una gran polvareda tras las salidas de tono de Gerard Departieu. El actor galo convirtió en una afrenta personal la medida de Hollande y adoptó la nacionalidad rusa.

El pasado 31 de diciembre expiró el plazo fijado por el presidente francés para aplicar este impuesto y ya ha anunciado que no piensa renovarlo. Las ganancias fiscales obtenidas tras dos años de aplicación solo pueden calificarse de discretas: 400 millones de euros. Si tenemos en cuenta que este tributo era presentado como la solución a gran parte de los problemas sociales (se dijo que serviría para mejorar los servicios públicos) resulta evidente que el Gobierno galo se ha encontrado con una recaudación irrisoria. Los países vecinos sí que se beneficiaron de los ‘exilios’ fiscales.

Y es que, a medida que la ‘cruzada fiscal’ de Hollande iba aumentando su intensidad, las grandes fortunas francesas no dudaron en trasladarse a Bélgica o Suiza para evitar que El Elíseo diera un notable bocado a su patrimonio. Cabe destacar que el presidente francés, que atraviesa sus horas más bajas, ha tratado de aparcar este tributo casi en absoluto secreto. Un reconocimiento tácito a un error político.

Vía: Libre Mercado.

Foto: Jean-Marc Ayrault

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